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Mujer santa de la puerta de al lado

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Kalena de Velado / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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La crisis de confianza por la que atraviesan las instituciones fundamentales de una sociedad (Iglesia, políticos, empresa privada, medios de comunicación y ONG) debido a las graves faltas, corrupciones y traiciones de muchos de sus miembros; sumado al clamor universal de valoración de los derechos de la mujer en paridad con el varón y dignificación esencial de su dignidad, invitan a ver ejemplos valientes de una fe sólida y abnegada, como el recién nombrado Santo Monseñor Romero, que tuvo un compromiso fiel, lúcido y coherente que lo llevó incluso hasta el sacrificio supremo, tanto desde el punto de vista humano como divino.

Personalmente desearía que las mujeres cristianas salvadoreñas nos replanteáramos en ocasión de la fiesta de San Romero de América, a aprender a mirar con ojos nuevos, con una mirada llena de empatía a fin de encontrar cómo ayudar a los más necesitados. Me gustaría fuera una revuelta ciudadana de amabilidad, generosidad y solidaridad, comenzando por apoyarnos unas mujeres a las otras, de tal forma que acompañemos a aquellas que más sienten el jaloneo de equilibrar familia, trabajo y vida personal, en su lucha diaria por alcanzar a completar con dignidad sus necesidades materiales y en el camino de conseguir sus sueños o emprendimientos. Me gustaría referirme a Edith Stein o Santa Teresa Benedicta de la Cruz, atea, judía conversa, asesinada en un campo nazi, quien como ciudadana cristiana y responsable luchó por el derecho al voto para la mujer en Alemania.

De Edith Stein, una gran intelectual y filósofa, discípula de Husserl, se cuenta que "siendo adolescente, en 1906, vive una crisis existencial. La asaltan grandes dudas sobre la fe en la que había sido educada y comienza a tomar conciencia sobre las discriminaciones que sufre la mujer. Decide dejar de rezar... Había querido resolver el problema de la crisis espiritual que abate la cultura occidental por medio de la primacía a la razón. Como a su maestro, a ella le parecía honesto y justo el camino, pero fue descubriendo que no era posible querer tener bajo control intelectual todo lo referente a ser feliz, al origen del mal y de la injusticia, a todo cuanto significa ser persona, hombre o mujer, o su entorno, su circunstancia vital y espiritual". http://www.humanitas.cl/teologia-y-espiritualidad-de-la-iglesia/edith-stein-la-profundidad-espiritual-filosofica-y-heroica-de-una-santa-para-nuestro-tiempo

En 1916 se desempeña como asistente de Husserl en Friburgo de Brisgovia, donde tras obtener el doctorado summa cum laude, Edith Stein obtiene tesis: Sobre el problema de la empatía. La Dra. Laura García (catedrática del Boston College, EUA, 2000, Nueva York, El Papel de la Mujer en la Sociedad), comentando sobre la obra de la Dra. Stein, reconoce que "existen rasgos únicos del alma humana que son compartidos por hombres y mujeres, como la capacidad de pensar (racionalidad) y la capacidad de libre elección (libertad) que pertenecen por naturaleza a todos los seres humanos, pero explica que Stein va más allá y declara que la clase de cuerpo que tenemos refleja la forma o espíritu que hay adentro; siendo que el cuerpo humano de la mujer es distinto del cuerpo humano del hombre, por consiguiente, la mujer poseerá una cualidad espiritual distinta del hombre. Las diferencias físicas entre hombre y mujer marcan profundamente sus personalidades. El cuerpo de la mujer sella su alma con cualidades concretas que son comunes a todas las mujeres y diferentes de los rasgos característicamente masculinos. Estas diferencias son complementarias, de manera que debieran reconocerse y celebrarse en lugar de verlas como desventajas o causa de discriminación".

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