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Inés Martínez

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Lo primero que pienso cuando menciono la palabra "mujer" son sueños. Sueños por realizarse pues todas los tenemos, algunas ya los realizaron pero otras lamentablemente no. Recientemente visité la comunidad Las Hojas, en el departamento de La Paz, pues en la Red Mundial de Jóvenes Políticos El Salvador realizamos una Campaña de Salud integral en octubre y tuve la oportunidad de impartir una capacitación sobre los derechos humanos para prevención de la violencia contra la mujer y sobre derechos sexuales y reproductivos, ya que hemos focalizado esta comunidad como un lugar donde se requiere intervención directa en las mujeres debido a su alto nivel de violencia contra las mujeres y a su alta tasa de maternidad sobre todo en adolescentes a partir de los 12 años, lo que representa claras violaciones sexuales cometidas casi siempre por personas muy cercanas a ellas: tíos, primos, padrastros, abuelos, vecinos, amigos, etcétera.

Así como esta comunidad existen muchas, en el informe Hechos de Violencia Contra las Mujeres, El Salvador 2018, publicado por las anteriores autoridades del Ministerio de Justicia y Seguridad el último día de su gestión, al 31 de mayo pasado detalla que en el último año se dieron 21,299 casos de violencia contra la mujer. Muchos de estos han quedado en la impunidad, lo que da un mensaje negativo para las víctimas y positivo para los agresores, pues denunciar nunca es garantía que al judicializarse se resuelva con justicia para la víctima.

Es de aclarar que no se necesita la existencia de un feminicidio para que ocurra violencia contra la mujer, hay diferentes formas: violencia psicológica, económica, sexual, cultural y política. En este mismo sentido es lamentable que al poner las palabras "mujeres El Salvador" en el buscador de Google la información y enlaces que muestra es pornografía, esto denota gran parte de nuestra realidad: cultura de violencia.

La cultura de violencia contra las mujeres es grave, continuamos padeciendo la invisibilización tanto de nuestros derechos humanos como del respeto a la vida y a la dignidad. Las calles están inundadas de hombres acosadores, subirse a un transporte público es uno de los mayores riesgos que puede tener una mujer en el que trasciende la posibilidad de ser violadas y cuando esto ocurre la misoginia cultural sobresale, la tranquilidad está lejos de llegar y continúa siendo un sueño.

Por eso mi sueño es que las mujeres de hoy podamos trabajar para ser sujetas de nuestros derechos humanos en una vida libre de violencia contra la mujer, que seamos un país donde podamos salir a las calles sin temor a ser violadas o asesinadas. Mi sueño es que las mujeres podamos tener cargos políticos con incidencia fidedigna en el entorno, por nuestras familias, por evitar que nuestras niñas y niños sean violados y sobre todo trabajar por el aumento en la calidad de vida de nuestras comunidades, porque hasta hoy continuamos reproduciendo un sistema político viciado.

El país necesita de nosotras y por eso las mujeres de hoy debemos ser mujeres dispuestas a liderar iniciativas, políticas públicas para ese 53 %. ¿Las mujeres estamos conscientes del poder que reside en nosotros? Si la respuesta es no, pues es hora que pongamos manos a la obra y si la respuesta es sí pues unámonos y luchemos por ese objetivo.

Les invito a sumarse a la creación de una política pública nacional, transversal e integral con apoyo internacional que tengo el privilegio de estar organizando.

¡Las mujeres somos el corazón de El Salvador!

Tags:

  • mujer
  • sueños
  • vida libre de violencia
  • impunidad
  • feminicidio
  • política pública

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