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Murió uno de los buenos

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Murió uno de los buenos

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Fuera del escenario, Gracia González ama aprender idiomas; le gusta cocinar, pasar tiempo en familia e ir a la iglesia. Además, es Licenciada en Comunicaciones Integradas de Marketing.

Fuera del escenario, Gracia González ama aprender idiomas; le gusta cocinar, pasar tiempo en familia e ir a la iglesia. Además, es Licenciada en Comunicaciones Integradas de Marketing.

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Ha muerto Hato Hasbún, en el criterio de muchos, el mejor funcionario de este gobierno, sus dotes de persona que buscaba entendimientos facilitaba el diálogo, de modales suaves, educado, dispuesto a escuchar y a construir puentes le merecieron el respeto del cuerpo diplomático y aún de la oposición, en un período de alta polarización política; su llegada a alguna mesa o su presencia en conversaciones daba un sentido de calma, muy distante su interacción educada de la de muchos de sus compañeros de partido, agresiva y hasta grosera de este gobierno y no digamos del anterior. Sin duda esto lo distinguió y lo hizo ganarse el respeto y el aprecio de cercanos y distantes, de internacionales y de la oposición.

Dejé de ver a Hato desde la universidad, igual que a muchos amigos, la efervescencia social y el conflicto armado nos separó. Yo me dediqué a trabajar y Hato se fue a la clandestinidad desde muy temprano; se dice que fue muy cercano a Cayetano Carpio, fundador de las FPL; supe que a él lo reclutó Salvador Moncada, el prestigioso científico salvadoreño ahora nombrado sir en Inglaterra, casado con la princesa María Esmeralda de Bélgica. Hato me contó que Moncada dejó las FPL en unos años y escribió una carta de 18 páginas en la que pronosticaba todo lo que iba a pasar y así sucedió; no llegué a leerla.

Lo reencontré ya en el gobierno de Funes, me aproximó un par de veces por mi interés en la educación y nos dimos cuenta de que las amistades y el cariño de infancia se mantienen en el tiempo. En el Gobierno actual, me invitó a formar parte del CNSCC, y aunque tengo mucho espíritu de servicio al país, no estaba seguro de poder aportar en ese rubro, pero acepté gustoso y me entregué a la causa por su importancia. Allí Hato fue el actor indispensable para aglutinar ese esfuerzo, que con sus defectos y detractores va marchando bien y produciendo resultados, esperamos que la ausencia corporal de Hato no lo debilite de muerte, a él le dolería mucho.

Siendo yo una persona de derecha y escribiendo lo que escribo con respeto y ponderación, pero directas, muchas veces contra el FMLN o el Gobierno, el día después de esa columna dura, me presentaba al consejo y no era mal recibido, Hato dijo más de alguna vez: “Aunque don Rafael Castellanos nos ha pegado duro en su escrito de ayer, se le respeta porque él está aquí, trabajando y aportando”… esa historia define con precisión su espíritu democrático, su tolerancia y su auténtica búsqueda de consensos.

Puedo contar muchas historias más en esta etapa del reencuentro del amigo de infancia, todas apuntalarían lo mismo: su ecuanimidad, su don de gentes, su espíritu de servicio y buscador de consensos. Murió un hombre bueno, honesto, austero y conciliador. El país pierde a un gran valor.
 

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