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NO MÁS VERGÜENZAS para El Salvador

En El Salvador mataron al hipopótamo del zoológico. Una acción sin lógica alguna que evidencia el estado de calamidad que como un cáncer ha invadido a esta sociedad. Privan a miles la oportunidad de ver a ese majestuoso animal; y borran otro pedacito de inocencia al país.
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Lejos de ser el “país de las maravillas”, somos el país con menos inversión extranjera directa de América Latina, únicamente superando a Paraguay (CEPAL, Naciones Unidas). Tenemos el récord de tener la tasa de homicidios más alta a la fecha (CRIME INSIGHT). Vergüenza. También estamos en la mira por ser un país donde no reconocen los derechos a las minorías. Nadie tendría que tener derecho a matar a otra persona, ni se tratan de “hombres vestidos de mujer! Bien que exista la secretaria de Inclusión Social para corregir esto, su continuidad es MANDATORIA.

Parte de lo anterior es culpa del ridículo hecho que en el país no se juzga a las personas por sus principios –al menos no de forma preliminar– sino a raíz de lo que tienen. La división por clases sociales es un hecho que ha fragmentado al punto que hay personas que descalifican a otras por ser ricas y otros descalifican a otras personas por ser pobres, ¿Hasta cuándo?

En El Salvador la vida no vale un cinco y hay muchos problemas que realmente dan vergüenza. Hace falta un auténtico verdadero sentimiento de nación –que trascienda la selecta y las pupusas–, algo por lo cual se establezca una meta que alcanzar. A mí en lo particular me inspira saber que hay salvadoreños que han llegado a la cúspide en sus carreras profesionales y humanitarias (Dr. Gustavo Guerrero, André Guttfreund y el diplomático Castellanos Schurmann, por ejemplo).

Por eso también felicito el proyecto de Diego Echegoyen y a su superventas salvadoreño “El país que viene”, en el cual logró mostrar decenas de historias de salvadoreños radicados en el país que muestran la calidad que tenemos en nuestra sangre. Lo felicito a Diego porque expandió esta visión para los salvadoreños que vivimos en el exterior que tenemos un compromiso con el país. Me honra dejar plasmado mi compromiso, junto con 59 historias más.

El hecho de que uno esté fuera del país no significa que no tiene uno compromiso con El Salvador, ni tampoco que no tenga planes para regresar; ni mucho menos uno pierde el derecho a opinar sobre la realidad o a intervenir para mejorarla. Yo estoy fuera de mi país porque fui discriminado por firmas de abogados, así de sencillo.

Llevo cinco años exiliado. He aprovechado bien mi tiempo y me he posicionado en mi mercado de resolución de disputas. Tengo nuevos retos que vienen para continuar preparándome y en su momento regresar a mi país para trabajar, desde el interior, a reducir la brecha social. Si hay personas que están con temor a que se les quiten espacios, pues lo lamento, porque el temor no es algo que existe cuando hay autenticidad en las causas que persiguen, el hecho de que más se sumen a un proyecto debería alegrar. No generar miedos. En lugar de buscar muros, hay que construir puentes.

Yo no quiero más vergüenzas para mi país. Quiero que avancemos, que dejemos de descalificar a alguien por “arenero” o por “frentudo”, que dejemos atrás el machismo y la discriminación.

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