NO a las armas

Este artículo rechaza la iniciativa e intención de armar a los ciudadanos para que se defiendan de la delincuencia. En este sentido y para que la sociedad salvadoreña considere si “el remedio sería peor que la enfermedad”, a continuación se plantea un conjunto de razones y riesgos que indican que dicha medida extrema sería incorrecta.
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Punto 1. Armar a los civiles significa ignorar la realidad nacional. La ola delincuencial es un “tsunami” porque el crimen organizado está aprovechando la corrupción, impunidad y desigualdad para hacer lucrativos negocios a través de actividades ilícitas y violentas. Lo crítico es que un alto porcentaje de infractores vive en localidades vulnerables y densamente pobladas, lo que hace que la población de alto riesgo sea un “océano” y la de bajo riesgo sea una “isla”.

Punto 2. La inseguridad es un gran negocio. La venta de armas, servicios de seguridad privada, sistemas tecnológicos, logística a centros penales y otras operaciones colaterales ascienden a miles de millones de dólares. Por ello, la medida en cuestión podría ampliar el mercado de la inseguridad, potenciar a grupos violentos y mantener el statu quo del terror.

Punto 3. En El Salvador se registra más de un arma de fuego cada hora y se comete un homicidio cada 70 minutos. Hay miles de armas legales e ilegales en manos de la población, estimándose un promedio de un arma de fuego por cada 20 habitantes. ¿No será que la abundancia de armas –en una sociedad con antecedentes violentos– ha contribuido a que El Salvador se convierta en el país más violento del mundo?

Punto 4. Un diagnóstico errado conduce a un tratamiento inefectivo. Si los gobernantes determinaran que hay “guerra social” y optaran por armar a civiles, la medida extrema iría orientada a neutralizar al enemigo (pandillas). Empero, si se estableciera que lo que predomina es la “economía criminal” y se arma a la población en territorios controlados por delincuentes, se podría inconscientemente estar fortaleciendo a bandas criminales y generar anarquía.

Punto 5. Las armas generan violencia. Hay más homicidios donde hay numerosas armas de fuego. Por ello, en una sociedad como la salvadoreña (elevado alcoholismo, polarización ideológica, resentimiento social y estrés), la referida propuesta estimularía el uso de la fuerza para solucionar problemas ordinarios y entorpecería la aplicación de la ley.

Punto 6. Las armas requieren entrenamiento especial para usarlas correctamente. Lo crítico es que las armas son tan simples de usar que fácilmente se comete un homicidio. Una persona común se convierte en un asesino potencial en la presencia de un arma de fuego.

Punto 7. La recomendación es desarmar a los civiles. Según los resultados obtenidos de la veda de armas que se llevó a cabo en varios municipios de El Salvador, el PNUD afirma que “no hay forma de reducir la violencia sin reducir la circulación de las armas de fuego”.

Conclusión: armar a los ciudadanos sería una medida desacertada porque conlleva tres inquietantes riesgos: (1) legitimar y favorecer que grupos violentos sometan a la fuerza a miles de personas en todo el territorio nacional, (2) cuestionar al Gobierno por incumplir el mandato constitucional de proteger a la familia y (3) considerar que el Gobierno está propiciando graves violaciones a los derechos humanos.

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  • armas
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