Lo más visto

Más de Opinión

Nacionalismos y anti imperialismos

Cuando Donald Trump prometió, como candidato, que "haría a América grande de nuevo", muchos empezaron a ver en él los síntomas de un populista.
Enlace copiado
Nacionalismos y anti imperialismos

Nacionalismos y anti imperialismos

Nacionalismos y anti imperialismos

Nacionalismos y anti imperialismos

Enlace copiado
 Más aún cuando, ya como presidente, empezó a criticar a la globalización, que se llevó de Estados Unidos los trabajos hacia países con mano de obra más barata, y amenazó a empresas con aumentarle los impuestos si seguían produciendo fuera de las fronteras estadounidenses se consolidó el perfil de un político guiado por principios nacionalistas a ultranza.

El nacionalismo, bien entendido, es amor a lo propio. Exacerbado, en cambio, puede confundirse con animadversión contra todo lo que viene del extranjero. Y si se identifica como extraños a personas o grupos en particular, entonces vemos brotes de xenofobia.

Las últimas elecciones en Estados Unidos revelaron que la realidad no es exactamente como la queremos ver. Después de tener al primer presidente afroamericano, una buena parte de la sociedad estadounidense no estaba tan convencida de mantener la moderación y el pluralismo (o al menos aparentar que lo eran). Aspiraba a "volver ser grande, otra vez", con empleos bien pagados en el vecindario y con un país fuerte que hiciera temblar a todos los demás. Por eso, la promesa de Trump de volverle la dignidad que consideraba perdida buena parte de la sociedad fue tan bien acogida y lo llevó a la Casa Blanca.

De entrada, el primer gran golpe de la nueva política de Trump ha sido México, país cuya economía depende casi totalmente de su vecino del norte. El territorio mexicano ha sido tierra fértil para instalar empresas estadounidenses que acortan costos con mano de obra más barata. Pero si Trump amenaza con aranceles más altos, pues, se viene abajo toda esa economía que dependía de la exportación hacia Estados Unidos. Y se complica más cuando Trump empieza a dar pasos para cumplir su amenaza de construir un muro para aislarlo de México y evitar la llegada de emigrantes.

Canadá, indirectamente, salió beneficiada de esta tensión de Estados Unidos en su frontera sur. Por eso no vimos a su gobierno, normalmente identificado con temas de vanguardia (como salir a aceptar los refugiados sirios que EUA rechazaba), salir en defensa de su socio en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés), porque si los productos mexicanos pierden, los canadienses tienen mejores posibilidades.

Más al sur, en Centroamérica, los planes de la administración Obama empiezan a echar frutos, como los recientes desembolsos del Plan para la Prosperidad para el Triángulo Norte que ya se dieron en Honduras primero ($125 millones) y luego en El Salvador ($98 millones). Al menos en nuestro país, el nacionalismo se muerde los labios, sobre todo el que enarbola el partido de gobierno y que, cuando está alineado con sus socios del sur, denomina "anti imperialismo".

Entonces oímos hablar de "socios" y "amigos", en referencia a los Estados Unidos. Cuando las opiniones difieren, sobre todo en referencia a los fallos de la Sala de lo Constitucional, entonces desde la misma secretaría general del FMLN se habla de que "Estados Unidos está detrás", en apoyo a la "derecha oligárquica".

En la nueva coyuntura hemisférica, el FMLN tiene que asumir el pragmatismo con el que el gobierno central desarrolla su relación con Estados Unidos, poner en primer lugar los intereses nacionales (más de dos millones y medio de salvadoreños viviendo en suelo estadounidense, los empleos que surgen de las exportaciones salvadoreñas a EUA y de las inversiones de EUA en el país) antes que su tradicional anti imperialismo. A nadie le conviene que El Salvador sea considerado hostil en Washington. No en estos tiempos.

Tags:

  • trump
  • nacionalismo
  • eua
  • emigrantes
  • fmln

Lee también

Comentarios