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Nada de frenar. El compromiso es erradicarla

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Sandra de Barraza - Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Han aparecido vallas publicitarias que no pasan desapercibidas por su ubicación, su tamaño y su contenido. En ellas se lee: "vamos a frenar la corrupción". Paso frecuentemente por esa ruta, lo he leído varias veces, porque como dije, su ubicación hace difícil pasarlo desapercibido.

¿Frenar la corrupción? Frenar, según el diccionario de la Real Academia Española, significa moderar. También significa parar con el freno el movimiento de una máquina. En nuestro país, no es suficiente anunciar públicamente la intención de "frenar la corrupción". Y no es suficiente porque la corrupción tiene diversas formas de expresarse. No es solo en la administración pública. No es solo en los niveles altos de la administración.

Ayer, LPG anunció una visita de los empresarios subsidiados, al viceministro de Transporte. Entre otras cosas discutirían el tema de las millonarias multas que los "buseros" no han cancelado. Los empresarios justifican la situación por la falta de control del Estado en el territorio. Las maras y las extorsiones, dicen, obligan a contratar gente "conocida" para que les dejen transitar. ¿Es esto corrupción? Mi respuesta es afirmativa porque irrespetando la ley, quieren seguir manteniendo privilegios financieros que todos los salvadoreños financiamos.

Los medios han anunciado los comodatos que la Alcaldía de San Salvador ha hecho con una empresa centroamericana, sin experiencia alguna, para construir un sistema de "centros comerciales" que han salido onerosos para los residentes en el municipio de San Salvador. Transferencia de terrenos subvaluados, cambios en el alcance de los términos de referencia de la licitación y el contrato. ¿Es esto corrupción? No hay otra forma de llamarla porque irrespetan la ley, ponen en riesgo a la ciudadanía y quieren mejorar sus privilegios.

¿Corrupción? En las organizaciones públicas, "es la práctica de usar las funciones y los recursos de las instituciones públicas, para provecho económico o de otra índole de sus gestores". El provecho en un cargo público no es únicamente económico. Hay otros que son peores. Eso de no tomar decisiones correspondientes para beneficiar o proteger a alguien en especial es corrupción. Eso de tomar decisiones a medias para no afectar intereses particulares es corrupción. Eso de obviar o cambiar leyes para beneficio particular es corrupción. Y es corrupción porque en todas, hay beneficio para los gestores.

Hay ejemplos con la fallida elección de magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Los diputados utilizan sus funciones para tomar decisiones a su medida. Rompieron para su beneficio, el proceso y el plazo legal para su elección. Ahora sorprenden con la intención de pretender reducir el plazo de nombramiento. Quieren disminuir de nueve a tres años el período. ¿Se sienten amenazados y vulnerables? Si los magistrados fueran incondicionales ¿pedirían que los cargos fueran vitalicios? ¿Es esto corrupción?

La Policía Nacional Civil ha ido perdiendo credibilidad en sus funciones legales. Y la ha ido perdiendo porque dentro de sus filas hay personas vinculadas a actividades poco honorables. No más recordar que el caso de Carla Ayala no ha sido resuelto. Si ni en su propia casa pueden tener control ¿cómo se puede esperar que recuperen el control y mantengan el orden a nivel nacional? ¿Qué está atrás de estos casos? ¿Quién se siente afectado de ser resuelto el caso? O ¿quién se beneficia de que el caso no se resuelva?

Por esto y más, las corrupciones tienen que erradicarse. Nada de frenar.

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