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Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde

El dicho es viejo, pero siempre actual; nadie sabe a ciencia cierta cuánto posee y la importancia de lo que tiene, hasta que las circunstancias de la vida hacen que esté en peligro ese bien. Así nos ocurre con un amor perdido, o con un objeto preciado, pero más claramente con elementos trascendentes de la existencia humana, como la libertad.

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José Miguel Fortín Magaña

José Miguel Fortín Magaña

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El Salvador está pasando un momento importante de su historia; hace 30 años más o menos, terminó la guerra fratricida que permitió al final la instalación de la democracia que hoy vivimos. Hasta hace muy poco nadie habría vuelto a pensar que no se podría opinar sin temor a ser atacado. Eso estaba ya superado; pero de un tiempo a la fecha, con el advenimiento de nuestro arrogante presidente, quien una vez más ha comentado recientemente que le da risa (la frase es textual) que haya un porcentaje de personas que no lo aprueben, uno no puede sino sorprenderse de la impunidad con la que se burla de los disidentes, pero más grave, que exista un aplauso servil o ciego a frases tan peligrosas como las que "tuitea" diariamente.

Textualmente el ególatra mandatario ha escrito al comentar una encuesta que le favorece: "me preocupaba que hubiera un 7% en contra, pero luego me di cuenta que (...) los adversarios, todos juntos, solo suman el 4% (luego varias caras con carcajadas)" y después la lapidaria frase "perdón, pero (me) da risa (más caras con carcajadas)".

¿Notan lo terrible que es el sarcasmo y la burla del que resulta ser el presidente de la nación?; en todo mi tiempo de vida, nunca había conocido una personalidad de alguien en el Poder, que fuera más macabra o peligrosa. No se trata de decir algo por contrapuntear o el desacuerdo con alguna política específica. Se trata de enfatizar la conducta totalitaria de quien está obligado por la Constitución a procurar la armonía entre los ciudadanos; pero que opta por ultrajar descaradamente a aquellos a quienes él considera enemigos. Se trata de hacer notar que este personaje posee una personalidad que ha distorsionado su visión de cara a sus reales atribuciones y que en menos de 4 meses ha llegado a creer que es monarca absoluto de un reino que ya le pertenece y lo hace jugando con la cobardía de quienes deberían ser la oposición constructiva, como en cualquier democracia, pero que por defender intereses mezquinos han preferido callar y permitir que la institucionalidad se vaya socavando.

Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde; y ese será nuestro drama en los próximos años, cuando –de seguir así– terminaremos entregando la libertad a un individuo que disfruta sentándose en un trono, mientras la policía y el ejército le muestran hincados a un conjunto de salvadoreños que si bien rompieron la ley, no son esclavos o sirvientes de un lejano zar que podía disponer de la vida y hacienda de sus siervos.

Nos ha sido dado el libre albedrío para decidir qué hacer. Si persistimos en el silencio, por miedo al césar, no nos quejemos después, de haber perdido lo que con tanto esfuerzo conseguimos; porque entonces sí que entenderemos a plenitud el sentido del dicho con el que titulaba este artículo. Dios nos libre de padecer de la esclavitud.

Tags:

  • libertad
  • democracia
  • presidente
  • sarcasmo
  • oposición

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