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Necesidad de un presupuesto real y responsable

En El Salvador escuchamos muchas veces “que la costumbre se hace ley”, y esto lo podemos ver ya que desde hace aproximadamente diez años, se han venido dando deficiencias en el proceso presupuestario, en el cual se ha hecho costumbre que el Ejecutivo presenta cada año el Presupuesto General del Estado artificialmente equilibrado e incompleto, lo cual ha generado un grave desorden en las finanzas públicas.
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Pero la pregunta que debemos hacer es: ¿cómo esto afecta nuestro diario vivir y qué consecuencias se pueden presentar si se continúa con dicha práctica? Al igual que en un Estado, las familias se ven en la necesidad de elaborar su presupuesto para cubrir sus necesidades básicas con base en los ingresos que tienen. El mismo debe ser real e incluir el total de ingresos y gastos para evitar sorpresas en el camino, lo que implica ser sinceros para tener un panorama claro de la situación financiera, por una parte, y por otra, debe existir un compromiso de gastar de forma racional y no gastar más de lo que ganan, para evitar usar la tarjeta de crédito en cosas no prioritarias.

Esta misma realidad es la que debe prevalecer en el Estado cuando se elabora y ejecuta el Presupuesto, y por ello es propicio hablar de las dos caras del mismo. Por un lado, están los ingresos que percibe por medio de impuestos, contribuciones especiales, aranceles, tasas, etcétera, que se reciben de quienes pagamos nuestros tributos; y por otro, están los gastos que deben reflejar las necesidades reales y prioritarias del país, y se debe garantizar que los recursos se gastarán con transparencia y eficiencia.

Como salvadoreños, debemos exigir a nuestros gobernantes que elaboren un presupuesto completo y responsable con base en los ingresos reales que esperan percibir y que se incluya el endeudamiento necesario. El problema es que en muchas ocasiones, estos presupuestos no reflejan la realidad fiscal y se sobrestiman ingresos y se subestiman gastos, dando como resultado un presupuesto irreal que no alcanza para cubrir las necesidades del Estado. Esto lleva a que durante el año fiscal se recurra a endeudamiento de corto plazo para cubrir gasto corriente, cuya tasa de interés es más alta, cuando la Constitución (art. 227 Cn. inc. 3º) solo permite este mecanismo para deficiencias temporales de ingresos.

Lo anterior se evitaría si al elaborar el presupuesto se sincerara e incorporaran todos los gastos corrientes con su respectivo financiamiento, ya sea por ingreso corriente o por endeudamiento público, requiriendo para este último caso de aprobación legislativa con mayoría calificada. Sin embargo, ha resultado más fácil presentar presupuestos equilibrados artificialmente a fin de evitar la mayoría calificada para aprobar el endeudamiento público.

El desorden en las finanzas públicas se debe en gran medida a las malas prácticas de presentar presupuestos incompletos, lo que ha llevado al país a una situación crítica de alto endeudamiento, al grado que ha llegado a afectar directamente a los salvadoreños, al no poder ofrecer un servicio de salud digno, un sistema de educación óptimo, garantizar seguridad ciudadana, así como brindar un mejor sistema de infraestructura.

Este día 30 de septiembre, el Ministerio de Hacienda debe presentar a la Asamblea Legislativa el proyecto de Presupuesto General del Estado del año 2017, y es nuestro deber velar porque sea un presupuesto real, balanceado, completo, respetuoso de la Constitución (art. 227 Cn. inc. 1º), y sobre todo responsable. Esto sería una buena señal para ordenar las finanzas públicas y demostraría que existe voluntad para salir de la situación financiera difícil en la que estamos.

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