Necesitamos conciencia, voluntad, visión y proyecto de país para tener sentido como país

Los hechos que se van sucediendo en la vida cotidiana nos dejan cada vez más en claro que no es posible encarar como se debe la problemática nacional sin contar con una visión de país que nos permita entender el presente y reconocer el futuro.
Enlace copiado
Necesitamos conciencia, voluntad, visión y proyecto de país para tener sentido como país

Necesitamos conciencia, voluntad, visión y proyecto de país para tener sentido como país

Necesitamos conciencia, voluntad, visión y proyecto de país para tener sentido como país

Necesitamos conciencia, voluntad, visión y proyecto de país para tener sentido como país

Enlace copiado
Usamos aquí el término “visión” en el sentido de imagen en perspectiva, que sintetice el fenómeno real a fin de volverlo manejable en clave de soluciones a los grandes problemas que en él anidan desde hace tanto tiempo. Visión de país significa, entonces, el esquema de lo que somos, de lo que podemos y de lo que queremos en lo que a la experiencia nacional se refiere; y eso sería la matriz sintética de nuestro ser en el tiempo, con todos los matices que ello lleva consigo.

Hay que tener presente, sin embargo, que la visión de país no es ni puede ser un fenómeno aislado. Para que la visión de país se concrete como tal es necesario que se den dos componentes de base: la conciencia de país y la voluntad de país. Expliquémonos al respecto: toda sociedad nacional es un todo, compuesto por la diversidad plural de sus integrantes; y la expresión anímica de dicho todo es la conciencia compartida de cuantos lo integran. Ese todo es lo que en términos geopolíticos y sociohistóricos llamamos país. Asumir y ejercer conciencia de país constituye, entonces, el factor dinamizador de la pertenencia y aglutinador de la nacionalidad. Si tal conciencia no existe en la dimensión y en la profundidad debidas, el país padece una especie de orfandad que se manifiesta de muchas maneras.

Tener conciencia de país es, pues, la base de todo ejercicio nacional consistente en el tiempo; pero sólo quedarse en la conciencia es no pasar al campo de la evolución. Para que dicho paso se dé es indispensable que a la conciencia se una la voluntad. Y se trata, desde luego, de una voluntad con perspectiva. Tal voluntad, para que funcione como se requiere, tiene que activarse en movimiento ordenado. El país, consciente de sí mismo, se propone actuar para sí mismo. De esa manera se preparan los elementos que confluyen hacia el horizonte común que llamamos, en frase simbólica, destino nacional. Elementos anímicos y racionales, sin cuya participación no es factible dibujar en presente ninguna de las rutas hacia el futuro. Conciencia y voluntad en alianza dinámica crean las condiciones para definir la visión de país.

Pero la visión tampoco basta para que el país pueda desplegarse a plenitud. Se necesita el proyecto de país. Un proyecto que, por su propia condición de tal, tiene que ir acompañado de plan operativo, calendario de ejecución y mecanismos de verificación de las distintas acciones que se vayan dando en la realidad. Con la sola mención de todo lo anterior queda evidente que se trata de una tarea compleja e interconectada. Y, en lo que a El Salvador y a los salvadoreños corresponde, lo primero que hay que reconocer sin evasivas es que a estas alturas continuamos sin concretar ninguno de esos pasos. La conciencia de país es débil y fragmentaria. La voluntad de país no se manifiesta como tal en ningún sentido. La visión de país ni siquiera está en esbozo. El proyecto de país sigue pareciendo para muchos una abstracción de mentes ilusas…

Pero todo lo anterior en vez de retraernos debe impulsarnos. Estamos ante una tarea que no sólo es compleja sino urgente. Y la ventaja que hay ahora es que ya la realidad no admite justificaciones para no enfrentarla como es. El “todo país”, que antes andaba entre nosotros en condición prácticamente fantasmal, va tomando posiciones visibles y sensibles. Las excusas y los pretextos se vuelven cada vez menos convincentes.

¿De dónde deberían venir las iniciativas que dinamicen todo este proceso? Pues en primer lugar de los liderazgos políticos, que para eso están. Y tales iniciativas hay que dinamizarlas en distintos campos, desde la educación hasta la gestión gubernamental al más alto nivel. De lo que se trata es de habilitar las rutas más directas hacia el progreso en todos los campos. Que el país se viva como tal y se proyecte como tal. Así de claro.

Tags:

  • david escobar galindo
  • vision de pais
  • progreso

Lee también

Comentarios

Newsletter