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¿Necesitamos más o menos diputados?

Con cierta frecuencia, en medios de comunicación y redes sociales, aparece la discusión sobre la reducción del número de diputados; por lo general se trata de reducirlos a la mitad o a algo menos y los argumentos para justificarlo giran en torno a los males que aquejan a la Asamblea Legislativa, al ahorro de dinero para el fisco o por considerar a sus diputados como malos políticos.

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El diagnóstico no deja de ser razonable, pero la solución que propone tiene más de castigo que de remedio. El problema de la Asamblea Legislativa es estructural y no de número de diputados, esto puede ser parte de la solución, siempre y cuando se inserte en cambios fundamentales tanto en la Asamblea Legislativa, como en los partidos políticos, que son su fuente de alimentación principal, es decir, una seria reforma de la concepción, institucionalidad y prácticas de ambas instituciones.

Pretender que vamos a corregir los males de la AL y elevar el nivel de confianza de la ciudadanía que cada vez anda más bajo reduciendo el número de diputados es un razonamiento mecánico, que en política puede conducir a incrementar aún más el problema; basta con pensar que en los 84 diputados existe una minoría dedicados a hacer su trabajo honestamente, atienden las necesidades de su departamento, demuestran independencia de juicio y que anteponen los intereses nacionales a los partidarios o personales; pero, si reducimos su número, ¿quiénes van a quedar?, ¿los más independientes de los mandatos de sus dirigencias partidarias o los que ciñen su conducta a la esperanza de reelección?, ¿los más correctos o los que son sabios únicamente en la maniobra partidaria para asegurarse puestos?...; dado el diagnóstico que compartimos, estas son preguntas válidas que hay que contestarse antes de proponer este tipo de soluciones.

El número de diputados debe basarse en la respuesta a la pregunta ¿hasta qué punto el número de diputados actual es adecuado para resolver eficaz y eficientemente las tareas que el pueblo y la Constitución les encomienda? Esto no puede resolverse a priori o por simple corazonada, sino que debe tomar en cuenta la experiencia de los parlamentos del mundo, especialmente en los últimos cien años y para ello hay que recurrir al aporte de la ciencia política que lo ha estudiado.

Las investigaciones pueden ofrecer guías y no recetas, pues la reforma involucra no solo lo científico sino también lo político y debe considerar otros factores importantes. Concretamente estas investigaciones, como fruto de los estudios de casos, nos ilustran sobre las ventajas y desventajas de un número de diputados muy pequeño o excesivo y con base en análisis agregado de datos de cada país a nivel mundial e, integrando una diversidad de variables, ofrecen una fórmula matemática para establecer estándares modernos dentro de los cuales el país puede evitar las desventajas y maximizar las ventajas con un número de diputados adecuado a su sociedad y así contribuir a una labor legislativa más eficiente y eficaz.

Si la generosidad de LA PRENSA GRÁFICA me lo permite, estoy dispuesto a presentar en concreto estas dos guías para abordar el problema.

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