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Necesitamos orden y respeto

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Óscar Manuel Batres B.

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Venimos padeciendo un problema endémico de falta de orden y respeto a nivel general en toda la sociedad y, en los últimos años y recientemente, en las más elevadas estructuras gubernamentales.

Cuando seguimos sufriendo tantos desgarramientos sociales por la pobreza y la emigración, lo que necesitamos es que todos los líderes nacionales tomen conciencia de su responsabilidad, y a través de sus actos, sus mensajes, sus relaciones con los diferentes sectores sociales y los otros órganos del Estado propicien un clima de armonía y de respeto. Está pasando lo contrario. El presidente ha ignorado y desacreditado a todas las organizaciones, instituciones y profesionales que le han ofrecido ayuda.

Cuando tenemos tantas limitaciones de recursos, y grandes segmentos de población sufren por la pobreza y la precariedad de sus condiciones de vida; cuando en años recientes hemos sufrido pérdida de recursos entre los derroches, desórdenes de todo tipo entre los altos funcionarios del Estado y la corrupción, se necesita que el gobierno muestre orden y disciplina. Estamos viendo todo lo contrario. Hay opacidad, resistencia a la rendición de cuentas y se están revelando serios indicios de corrupción. Llegaron a bloquear el trabajo que estaban empezando a hacer las instituciones más respetadas del país para ayudar en la planificación y verificación del uso de los fondos aprobados por la Asamblea para la emergencia; les eran incómodos, pero seguramente les hubieran ayudado a evitar el desorden y la desconfianza que los está desprestigiando.

Cuando falta orden y respeto la ciudadanía reacciona, reclama y denuncia con todos los medios a su disposición. Tenemos una prensa que los canaliza y los complementa a través de un serio periodismo investigativo que ha puesto en la agenda nacional casos sonados de corrupción, y que muestra mayor capacidad de investigación que las instituciones encargadas.

La ciudadanía está hastiada de que no se corrija y se castigue tanto desorden. Por eso necesitamos que las instituciones funcionen. Organizaciones sociales han hecho llamados de atención a los responsables para que demuestren su capacidad y su autoridad con firmeza y gallardía. Hasta ahora siguen sin mostrar actuaciones relevantes.

El 9 de febrero presenciamos el atropello más atroz que ha sufrido nuestro Estado de derecho con la militarización e intervención del presidente de la República en la Asamblea Legislativa. Han pasado casi seis meses y el fiscal general explicó en la televisión que todos los que han llegado a declarar manifestaron que "no vieron nada anormal". Son declaraciones insólitas y desconcertantes.

Recientemente se han denunciado y demostrado en los medios serios indicios de corrupción en el manejo de los fondos utilizados por el gobierno durante la emergencia. La Corte de Cuentas hasta ahora no ha reaccionado y no ha presentado nada relevante; los funcionarios del gobierno desconocen su autoridad, no atienden los requerimientos de información y no pasa nada.

En la Asamblea hay varios diputados cuestionados y procesados anteriormente por diferentes tipos de delitos y actuaciones irregulares. Pese a eso siguen siendo postulados por sus partidos y las autoridades electorales lo permiten. También se conoce sobre plazas fantasma y nadie investiga. Son los mismos diputados los que eligen a los encargados de las instituciones de investigación y control.

Las elecciones han enviado a los partidos mensajes claros para que reaccionen y enmienden sus errores y no sigan indiferentes. Este mes tienen que elegir a los magistrados de la Corte de Cuentas. Esperemos que demuestren un cambio de conducta y presenciemos un proceso de elección diferente. Tienen que elegir personas de probada capacidad e independencia.

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