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Necesitamos un gobierno de funcionalidad asegurada y no de golpes de efecto ni de maniobras artificiosas

Hay que dejar de lado fórmulas dañinas e inservibles a la postre, como el asistencialismo sin bases de sostén. Lo que se necesita en el país es asegurar el mejoramiento progresivo de las condiciones de vida.

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En El Salvador lo que ha sido más negativo en lo tocante al manejo político y al desempeño gubernamental es la falta de coherencia, el déficit de funcionalidad y el desperdicio de energías constructivas. Cuando el esquema democrático se instaló en forma al finalizar el conflicto armado interno, había una gran cantidad de expectativas sobre lo que podría venir como efecto positivo porque las armas habían callado y los contendientes en el terreno militar se hallaban ya instalados en la legalidad democrática; pero desafortunadamente muchas de aquellas expectativas se fueron disolviendo rápidamente, y no porque se volviera a ninguna forma de choque bélico sino porque no se activó oportunamente la estrategia de avance tanto político como socieconómico que era del caso.

Si algo le viene señalando la crítica ciudadana a las Administraciones públicas más recientes son los déficits notorios en el plano de la eficiencia. Esto va íntimamente vinculado con la falta endémica de planificaciones consistentes y de programaciones apropiadas. Como lo hemos subrayado en forma persistente y sistemática, la tarea por hacer en todos esos campos tiene un eje común, que es el compromiso de hacerlo todo en forma integrada, de tal manera que ya no se repita el viejo vicio de ir dejando cabos sueltos a cada paso.

Al respecto, la funcionalidad gubernamental es un requisito ineludible para que el país se desarrolle y para que la población pueda beneficiarse de dicho desarrollo. Hay que dejar de lado fórmulas dañinas e inservibles a la postre, como el asistencialismo sin bases de sostén. Lo que se necesita en el país es asegurar el mejoramiento progresivo de las condiciones de vida, con oportunidades accesibles, con motivaciones eficaces y con seguridades plenas.

No puede haber funcionalidad cuando lo que impera es la improvisación, el oportunismo y la dinámica de las ocurrencias circunstanciales. Todos tenemos que someternos pacíficamente a la disciplina del análisis realista de las cosas y de los hechos, para poder obtener de ahí los insumos de una política bien conducida y de una estrategia bien sustentada.

La ineficiencia es un desagüe constante de energías y de posibilidades de progreso. Si queremos desarrollarnos de veras, y que el desarrollo abarque a todos los connacionales cualesquiera fueren su origen y su ubicación, hay que comprometerse de veras con la eficiencia. Ha habido mucha dejadez al respecto, y las consecuencias inhabilitantes se manifiestan a diario.

Es más que oportuno hacer estas reflexiones en el momento en que estamos porque la situación política es proclive a promover tentaciones oportunistas y movimientos efectistas. Pero en los hechos se trata de lo contrario: de afianzar las bases de la estabilidad con el acopio de factores que le abran espacios y le provean estímulos al crecimiento en todas sus manifestaciones.

Confiamos en que la incidencia del pensar y del sentir ciudadanos sea la guía de la dinámica que va a desplegarse de aquí en adelante. Eso nos daría fortaleza de presente y seguridad de futuro.

Tags:

  • expectativas
  • eficiencia
  • funcionalidad gubernamental
  • asistencialismo
  • estabilidad

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