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Necesitamos un verdadero sistema de oportunidades en el país

Se les podría preguntar a todos los candidatos que han salido al ruedo a pedir nuestra confianza y nuestro apoyo ciudadanos: ¿Qué presentan de sustantivo en el tema de las oportunidades?
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El país se halla inmerso en una campaña presidencial que, aunque se desarrolla dentro de la normalidad institucional que ha caracterizado a todas las anteriores desde que la democratización se instaló en el país allá a comienzos de los años ochenta del pasado siglo, presenta algunas novedades que son efecto y producto de la misma evolución del proceso nacional. Es evidente que los tiempos cambian, y que una de las claves principales para no quedarse al margen de los tiempos es coger el ritmo de los mismos, lo cual no es opcional sino necesario, en cualquier época y latitud. De lo contrario, se corre el riesgo cierto de empezar a ver por el espejo retrovisor, con los riesgos de accidente que se activan de inmediato. En muchos sentidos es lo que nos viene pasando en el país prácticamente desde siempre.

La democratización llegó al país como un efecto, no como un acto de voluntad. Esto hay que tenerlo presente para poder ir midiendo las vicisitudes del avance. En otras palabras, nos democratizamos porque no nos queda de otra, como se dice en el lenguaje coloquial; y al ser así, es más difícil soltar los viejos criterios y las rancias prácticas. Desde luego, tal democratización tiene su propia lógica y su propia dinámica, y éstas se van manifestando irremediablemente, pese a las resistencias que, desde todos lados, les surjan en el camino. Un somero análisis de lo que vive nuestro proceso, sobre todo en los tiempos más recientes, pone de manifiesto que la lógica y la dinámica democráticas se van fortaleciendo, a costa del debilitamiento progresivo de las retrancas que salen al paso. Y este hecho es uno de los más motivadores que hay en el ambiente.

En el entorno latinoamericano se hace patente, en estos días, un fenómeno que merece análisis de fondo y no sólo reacciones emocionales tanto a favor como en contra: el auge del populismo como expresión de respuesta a las demandas populares, explícitas o perceptibles.

No hay duda de que nuestras formas sociales son imperfectas de origen, y tampoco la hay de que los correctivos perfeccionadores de nuestras formas de vida y de interrelación han brillado generalmente por su ausencia. Todo esto crea ese sustrato de malestar que contamina todas nuestras realidades. Campo fértil para que prosperen las verdolagas del populismo. Éste complica más las cosas, porque pervierte voluntades y trasiega fantasías. Lo que tendría que salir de todo esto es una reflexión reconductora de las tareas tanto en lo público como en lo privado.

En lo que a El Salvador se refiere, y tratando de echar una mirada horizontal sobre nuestra problemática social más acuciante, lo que puede concluirse sin dificultad es que lo que está faltando es una estrategia de oportunidades, que trascienda el asistencialismo y potencie la autorrealización. Oportunidades en todos los órdenes y muy particularmente en la educación y en el empleo, que están vinculados de manera tan íntima. Para que dicho régimen llegue a cumplir la misión que se requiere tiene que reunir tres componentes básicos: realismo, suficiencia y sostenibilidad. El realismo significa que el empeño no sea una excusa fácil sino un compromiso real; la suficiencia, que vaya a las raíces y no se quede en las ramas; la sostenibilidad, que esté no sólo adecuadamente sustentado sino efectivamente financiado. Un ejemplo puede ilustrarnos. En el caso de la educación: no basta, por supuesto, con becas casuales ni con cursitos ocasionales; lo que la realidad exige para funcionar como tal es que se les posibilite a los individuos, independientemente de su ubicación geográfica, de su pertenencia social y de su condición económica, los medios para llegar a ser lo que pueden y quieren ser.

Para decirlo de forma gráfica: si alguien, en un remoto cantón, tiene las condiciones y las aspiraciones para llegar a ser médico, ingeniero o artista, pues hay que poner a su disposición las plataformas para que lo sea. No se trata simplemente de aliviar las condiciones de supervivencia, sino de habilitar las vías para la realización integral de la persona.

Hasta ahora, nadie se ha propuesto enfocar la problemática en esa dimensión, y ya es tiempo de que se haga. Estamos en campaña presidencial, que es reñida y de resultados impredecibles hasta el momento. Se les podría preguntar a todos los candidatos que han salido al ruedo a pedir nuestra confianza y nuestro apoyo ciudadanos: ¿Qué presentan de sustantivo en el tema de las oportunidades? No frases, sino proyectos. A ver qué nos responden. Hay tiempo para que lleguen las respuestas.

Hay tiempo, pero no mucho tiempo, como decía, en frase justa y aplicable a todos los momentos, el ex Presidente Arturo Armando Molina.

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