Necesitamos vino nuevo en odres nuevos

Los conflictos geopolíticos que experimenta el mundo multipolar hoy en día, caracterizados por cambios que rompen los esquemas y paradigmas del pasado para dar paso a situaciones nuevas e inéditas, deben ser resueltos con estrategias y procedimientos acordes a la época en que vivimos.
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Pretender resolver situaciones con esquemas obsolescentes solo porque en el pasado tuvieron algún efecto efímero positivo es como querer echar vino nuevo en odres viejos, ya que se perderá tiempo, energías y esfuerzos, sin que se puedan tener efectos satisfactorios.

A escala internacional deben buscarse los mecanismos más idóneos para resolver en forma pacífica los conflictos recientes en Ucrania, el antiguo conflicto palestino-israelí, los problemas entre Corea del Norte y Corea del Sur, así como la guerra civil en Siria. Desde luego, que estos problemas geopolíticos jamás se resolverán, si los gobernantes anteponen los gastados esquemas de la Guerra Fría, en lugar de mecanismos que propendan al establecimiento de una verdadera paz mundial.

En el ámbito nacional, la celebración del vigésimo tercer aniversario de los Acuerdos de Paz debe movernos a la reflexión sobre la inoperancia de estos acuerdos en cuanto a la situación de pobreza que abate a amplios sectores sociales del país, factor que continúa siendo el caldo de cultivo para la proliferación de los grupos delictivos.

El problema de la violencia delincuencial que azota a nuestro país sabemos que tiene diferentes motivaciones que a través del tiempo han venido acumulándose hasta que la olla de presión social no soporta más y explota.

La ineficiencia de los procedimientos implementados hasta el momento no ha permitido resolver con éxito este problema social que venimos arrastrando desde el pasado, no solo a partir de los cuatro gobiernos anteriores, sino desde los años posteriores a la época colonial, en los que comenzó a gestarse una marcada desigualdad social, que permitió el enriquecimiento de sectores elitistas a costa de la explotación de los más desposeídos, que siempre han sobrevivido dentro de un vergonzoso pauperismo.

Las protestas y los levantamientos indígenas campesinos del pasado que luchaban por mejores condiciones de vida siempre fueron reprimidos con la mano dura de las armas, que ha sido el método más efectivo del poder económico y político para mantener el actual statu quo. En consecuencia tratar de continuar implementando solo medidas coercitivas sin buscar la superación de los jóvenes que no encuentran otra alternativa más que incorporarse a grupos delictivos es no darle una solución efectiva a este mal endémico que ha provocado el deterioro del tejido social en nuestro país.

Desde luego, que la implementación del Consejo de Seguridad Ciudadana y Convivencia podría coadyuvar a resolver los más urgentes problemas que padece el país, si las personas que participan en él lo hacen con el verdadero deseo de sacar al país de la situación caótica en que se encuentra, y se les proporcionan los recursos necesarios.

El Gobierno y la empresa privada deberían crear a escala nacional diferentes tipos de talleres donde los jóvenes que pertenecen o han pertenecido a estos grupos delincuenciales puedan aprender un oficio, como lo ha hecho el padre Pepe en el Polígono “Don Bosco”, donde han sido preparados jóvenes que se han incorporado a la vida productiva del país.

Obviamente la crisis económica que padecemos a escala mundial no deja mucho margen al Gobierno para implementar todos los proyectos de país que urge realizar. Por tal razón es imperativo desactivar la polarización ideológica que aún persiste especialmente en el Órgano Legislativo, para que los diputados puedan aprobar proyectos de ley que coadyuven a la realización de obras que verdaderamente favorezcan a los sectores más necesitados. No se puede llevar a cabo una transformación de país si seguimos pensando con paradigmas retrógrados y obsolescentes, necesitamos de vino nuevo, pero en odres también nuevos.

Tags:

  • violencia
  • delincuencia
  • seguridad ciudadana
  • desigualdad

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