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Ni ajuste fiscal ni refinanciamiento en 2017

El año está por terminar sin el ajuste fiscal y sin el refinanciamiento de los servicios de deudas del próximo quinquenio. Hubo un momento durante el año en que ambas medidas parecían posibles.

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Roberto Rivera Campos / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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El ajuste lo sugirieron varias instituciones de investigación y pensamiento, algunos analistas y el Fondo Monetario Internacional: un ajuste en tres años, 2017-19, con aumento de impuestos y reducción de gastos. Hubo negociaciones en torno al ajuste entre los partidos facilitadas por organismos internacionales, pero no pasó a más.

El refinanciamiento, por su parte, fue sugerido con la lógica de que debido a que ninguno de los partidos con opción de ganar el Ejecutivo sabía quién llegaría a la silla presidencial en 2019, estaba en el mejor interés de los participantes dar sus votos por adelantado para encontrar la mesa limpia en caso de llegar a ejercer el poder desde el Ejecutivo.

Pero si hay un área de la política económica donde prevalece la economía política es en la política fiscal.

El análisis económico busca encontrar las causas y consecuencias de los fenómenos y medidas económicas sobre otras variables de la actividad. A este campo pertenecen los trabajos publicados por FUSADES a mediados del año y por el Banco Central a finales, en donde se trata de explicar las consecuencias de corto y mediano plazo de un ajuste fiscal sobre el crecimiento.

La economía política de la política fiscal trata, por su parte, de incorporar los intereses de los políticos e instituciones políticas que son actores en la toma de decisiones sobre las medidas económicas. La teoría de juegos es una herramienta poderosa en este ámbito. A este campo pertenecen dos de los artículos que el suscrito publicó en este periódico durante este año.

En cuanto al ajuste fiscal, el análisis de economía política concluía que en un año preeleccionario, un partido en el gobierno difícilmente ejecutaría un ajuste fiscal, para lo cual tendría que aumentar impuestos y contraer gasto, con un elevado costo político que ningún partido quiere cargar, aunque desde el punto de vista de la racionalidad económica, quizás es lo que el país debería haber hecho para evitar un costo mayor.

En cuanto al refinanciamiento, la racionalidad parecía sugerir que a un partido en la oposición, aun con las encuestas a su favor, no le conviene perder un instrumento tan importante de negociación, pues la experiencia muestra que en nuestros países los partidos de todos los colores en los gobiernos, como ha ocurrido recientemente en Venezuela y Honduras, parece que siempre tienen ventaja a la hora de contar los votos.

A pesar de las negociaciones entre partidos, entre oposición y gobierno, y de la facilitación de organismos internacionales, la realidad política es que el año está por terminar y ni el ajuste fiscal ni el refinanciamiento de los compromisos de deudas del próximo quinquenio se han realizado, ni hay perspectiva de que se haga en 2018, pues el período eleccionario está entrando a su fase más caliente.

No obstante, en el campo de pensiones hubo un importante acuerdo político y parece probable que el próximo jueves se logre aprobar el presupuesto de la nación de 2018, con un endeudamiento menor al que el gobierno presupuestó originalmente.

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