Ni entre diputados ni entre ministros...

Ni en los partidos políticos se vislumbra ningún presidenciable con actitudes, capacidad, honestidad y carisma de un verdadero estadista. Dios quiera que nuestra patria no se enrumbe por los caminos de los totalitarismos que ya están sufriendo otros países.
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Alrededor del 60 % de ciudadanos salvadoreños, según encuesta reciente, no simpatizamos con el FMLN, ARENA, PCN, PDC y mucho menos con GANA. Nos han defraudado: mediocridad, hipocresía, despilfarro, ineficiencia, enriquecimientos ilícitos. Nosotros podríamos definir al ganador de las próximas elecciones si hubiera un Tribunal Supremo Electoral sin sesgo partidario. Si votáramos por rostro podríamos, por lo menos, eliminar a “personajes” cuyo único interés es el poder, el cheque del mes y “las gangototas”.

Desafortunadamente no podemos todavía contar con candidaturas independientes para presidentes, diputados y alcaldes, lo que sería un excelente contrapeso político. Fuera de los partidos –estoy seguro– hay jóvenes salvadoreños capaces, sinceros y honestos que pueden cambiar el rumbo de nuestro país. Lo merecen nuestros hijos y nietos. Es urgente liberarse de las garras de la gerontocracia física y mental. En Francia ganó Macron, de centro, economista de 39 años.

¿Qué tal, si para empezar a aliviar nuestra desesperanza, los diputados y “los altos cargos públicos” reconocieran que para un país tan pequeño y tan pobre, sus salarios exorbitantes y sus escandalosos privilegios –podrían reducirlos un 25 %– son un cruel insulto para los salvadoreños sobre todo para los menos afortunados? Hay tantas necesidades: hospitales públicos sin medicinas, niños con enfermedades terminales mal atendidos, cientos de escuelas derruidas, bajísimo nivel de escolaridad, fuertes obstáculos para elevar la competitividad, programas insuficientes para la prevención de delitos juveniles, alto desempleo. ¡Dios nos ayude!

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