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¡Ni por el juez de Opico!

En la Corte eran magistrados casi todos nuestros profesores de la facultad quienes conocían a todos los graduados y por eso nombraban a algunos de juez, siendo acreedores al nombramiento los mejores estudiantes.
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La Prensa Gráfica

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1. A principios de enero de 1967, 3 meses después de haberme doctorado, tomé posesión del Juzgado de 1.ª Instancia de Opico, La Libertad. Era obligación aceptar el cargo pues de no hacerlo la Corte suspendía el Notariado y la Abogacía por unos 5 años; la necesidad era porque había pocos graduados y algunas plazas vacantes de juez por llenar; no es como ahora en que hay cientos de abogados, de lo cual me ocuparé en junio, mes del abogado y del estudiante de Derecho, si Dios me lo permite.

En la Corte eran magistrados casi todos nuestros profesores de la facultad quienes conocían a todos los graduados y por eso nombraban a algunos de juez, siendo acreedores al nombramiento los mejores estudiantes.

2. El juez saliente fue el Dr. Juan José Borja Nathan, quien me entregó el tribunal y además me notició que había fundado en San Salvador un periódico denominado El Mundo, el que en febrero de 2018 celebró, con su gente, 51 años de laborar. El Dr. René Zeledón Castro me sustituyó en el cargo y lo ejerció casi durante 40 años.

3. Presidí en el tribunal jurado que comenzó a las 9 de la mañana y término dos días después en la madrugada; defensores los Drs. Isidoro Nieto Hachac y Raúl Murillo; con veredicto absolutorio.

Conocí en Opico a una distinguida señora de nombre Margoth v. de Cerén, quien tenía farmacia cerca del juzgado; ella me contó que la familia de su esposo había sido dueña de la Hacienda Joya de Cerén, donde actualmente está el Sitio Arqueológico Joya de Cerén, visitado por los de aquí y turistas extranjeros.

4. A los 4 meses, renuncié del cargo por razones personales y me dediqué al ejercicio profesional. Si la memoria no me falla de 1969-1973, fui apoderado de don Isidro Papini, él era apoderado de doña Paula Contreras v. de Papini, quien ordenó lotificar gran parte del sur del bulevar Venezuela a 5 cuadras del Cementerio de San Salvador. Hice varias gestiones y una que otra escritura de esos lotes de terreno; estando de testigo don Mario Pacheco Espino con taller de estructuras metálicas en la zona. Tengo por cierto que una hija de don Isidro se matrimonió con el caballero y amigo mío Franco Benedetti Zurdo, de las Joyerías Trevi.

5. Llegamos ahora al título: “Ni por el juez de Opico”. En reunión de amigos y maestros abogados, entre otros los Drs. Gregorio Guardado y Carlos Hayen; los que me preguntaron si habiendo sido juez de Opico sabía el significado de aquella frase hasta misteriosa; no sabiendo la respuesta me enseñaron que cuando el juez de Opico, a principios de funcionar ese tribunal, dictaba sentencia nadie interponía recurso aunque no estuviera de acuerdo porque los recursos eran conocidos por la Real Audiencia de Guatemala y para llegar allí “en caballo o en carreta se necesitaba un mes de ida y un mes de regreso”. Aquí termina la historia.

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