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Ninguna estrategia de avance nacional puede funcionar si no se van ordenando sus factores en la forma debida

Nos hallamos ahora mismo en una coyuntura muy determinante, porque ya no se puede ocultar y ni siquiera disimular que mucho de lo establecido ya no funciona y que lo que falta por hacer está apremiando con urgencia creciente.
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Como se viene repitiendo hasta la saciedad en el ambiente, nuestro país anda a la deriva en muchas cosas, y principalmente en lo vital de base: el autorreconocimiento de su propia realidad. Esto es tan claro que no necesita ningún argumento adicional, ya que las experiencias cotidianas van demostrando por doquier la insuficiencia de los esfuerzos dirigidos a encarar problemas específicos, siendo la falla principal evidente el no contar con líneas de tratamiento integradas, que constituyan una especie de red interactiva en constante movimiento. Por el contrario, lo que tenemos a la vista es un montón –literalmente un montón– de iniciativas que con frecuencia chocan entre sí y que en todo caso no conducen a nada significativo en la ruta de las soluciones.

Hay cuatro áreas especialmente problemáticas que muestran a diario los efectos devastadores de insistir en las actitudes y en las conductas contraproducentes: el área de la seguridad, el área del crecimiento económico, el área de la disciplina fiscal y el área de la renovación institucional. Es tan claro y patente que en esas cuatro parcelas están concentrados los principales desafíos que tenemos entre manos los salvadoreños desde hace ya demasiado tiempo. ¿Qué es lo que ha impedido, entonces, que se vayan tomando las medidas pertinentes para hacer girar las cosas hacia el plano de las reorientaciones correctivas y habilitadoras de mejor futuro? Algo muy simple y muy perverso: la tozuda resistencia a dejar los caducos clisés del pasado para entrar de lleno en las ventiladoras innovaciones del presente, que tenemos a disposición con sólo decidirnos a cambiar de chip.

Entonces, ¿cuál tendría que ser el primer paso en la dirección correcta? El primer paso inteligente sería suspender momentáneamente el paso para tener tiempo de hacer un balance de situación que sirva de azotea hacia el horizonte que ha estado tan descuidado hasta la fecha. Un paréntesis reflexivo en el cual se puedan ordenar las actitudes en función de un nuevo esquema de relación entre las diversas fuerzas que se mueven en el escenario nacional. ¿Cuánto debería durar ese paréntesis habilitador de novedades en la hoja de ruta del país? Lo que sea pertinente, pero cuidando bien de que no se convierta en pretexto para seguir dilatando la toma de decisiones que la misma realidad viene poniendo como tarea inesquivable.

La práctica democrática implica renovación constante, porque el fenómeno real nunca se detiene y cada día es un reto que implica a la vez consolidar lo positivo que ya se tiene y agregar las innovaciones constructivas que va trayendo la natural evolución de las visiones y de los hechos en los que dichas visiones se concretan. El término clave de toda esta dinámica es creatividad puesta en juego con todos los factores que se mueven en el escenario del país. Y aquí se hace evidente que los salvadoreños necesitamos un cambio de fondo, que no tiene nada que ver con las nociones de “cambio” que los intereses políticos quieren hacer valer a su gusto y conveniencia; ese cambio al que nos referimos es el que nos haría pasar de la rutina histórica a la imaginación proyectiva. Es decir, salir de los clisés obsoletos para pasar a los proyectos que asumen y desarrollan la vitalidad del ser nacional, que hasta hoy ha estado sumida en un letargo desgastante y sin futuro.

Nos hallamos ahora mismo en una coyuntura muy determinante, porque ya no se puede ocultar y ni siquiera disimular que mucho de lo establecido ya no funciona y que lo que falta por hacer está apremiando con urgencia creciente. Esto se puede graficar de manera dramática en el ámbito de la realidad fiscal, donde ya hay una emergencia oficialmente declarada; pero la emergencia se pasea en realidad por todas las otras problemáticas nacionales, haciendo que el desconcierto sea la pauta prevaleciente en la atmósfera que vivimos.

El ordenamiento de factores al que hacemos referencia es una tarea que debe estar regida por dos elementos vitales: la lucidez y la madurez. Lucidez para entender que estamos en una época muy distinta a todas las anteriores y madurez para poner en marcha las energías renovadoras que son inevitables. En otras palabras, lo que los salvadoreños estamos impelidos a asumir es nuestra propia gestión de vida, sin ataduras obsoletas ni cálculos tendenciosos. Entremos, pues, en una verdadera estrategia de avance, que sea capaz de sostenerse en forma progresiva.

Tags:

  • coyuntura
  • realidad
  • iniciativas
  • crisis fiscal

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