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Ninguno de los grandes problemas del presente puede resolverse con visiones sesgadas y con tratamientos parciales

lo que más resalta es la necesidad de reordenar constructivamente y con visión evolutiva todos los comportamientos para que el mundo del presente habilite salidas hacia el futuro.
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David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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La complejidad de la problemática que predomina actualmente en los distintos niveles de la realidad –nacional, regional y global, considerados dichos términos sin distingos de latitudes– hace que haya una generalizada complejidad creciente tanto en las actitudes como en las percepciones y en los enfoques. Casi todos los enredos y distorsiones actuales son efecto de un vacío de racionalidad que ha venido tomando posesión del fenómeno humano, como si la humanidad fuera incapaz de encarar los desafíos de su propia evolución histórica. Se suceden las incongruencias y los desatinos, sin que se vean señales de reorientación que hagan sentir que hay posibilidades concretas de encontrar el rumbo correcto.

Ejemplos de lo anterior menudean por todas partes, y eso debería servir para que todos –en nuestras respectivas ubicaciones y desde nuestras correspondientes proyecciones– nos sintamos comprometidos a tener participación consciente en el manejo de las diversas realidades que saturan el panorama actual. Una de las características más visibles del presente es la que se concreta en esa transversalidad que no respeta fronteras, independientemente de la naturaleza que tengan. Ahora, todos estamos radicados de manera visible en el mapamundi; y tal situación, que no tiene antecedentes en el tiempo, tendría que ser muy aleccionadora tanto para los poderosos como para los desposeídos.

En las condiciones actuales de la realidad internacional, la temática migratoria ha venido adquiriendo dimensiones cada vez más desafiantes; y a la luz de ello, la conflictividad se hace al respecto un factor que genera múltiples turbulencias de muy difícil control. Las migraciones nunca han dejado de existir a lo largo del proceso histórico mundial; pero hoy, cuando las crisis se suceden en forma avasalladora, los prejuicios racistas y los rechazos obsesivos ganan terreno sin reconocer límites. Nosotros, los salvadoreños, que tenemos gran parte de nuestra población fuera de las fronteras nacionales, recibimos directamente el impacto de la tendencia antiinmigrante, convirtiéndose así en uno de nuestros grandes problemas pendientes y de más compleja solución.

La cuestión migratoria no puede ser atendida satisfactoriamente si se persiste en el empeño de aplicarle visiones sesgadas y tratamientos parciales. En el caso de nuestra situación específica con Estados Unidos, lo que se impone sin alternativa es trabajar verdaderamente en común, porque se trata de un fenómeno humano multifactorial y multidimensional. El crimen organizado interviene también en toda esta maraña, y sus manifestaciones se hacen sentir en los ámbitos de la producción de la droga, en el trayecto hacia el lugar de máximo consumo y la distribución final del producto. Pretender que adentro no pasa nada es querer simplificar las cosas hasta el máximo absurdo.

Precisamente estamos viendo cómo a lo largo y a lo ancho de la situación imperante por doquier las fuerzas delincuenciales hacen de las suyas y buscan seguir haciéndolo sin control. Las mafias tampoco respetan fronteras, como ha sido siempre y como lo es ahora más que nunca. En tales condiciones, lo que más temprano que tarde habrá que hacerse valer es el imperativo de reconocer el auténtico sentido de los hechos reales, para ya no continuar secuestrados por la irrealidad y por la irracionalidad más degradantes.

Como hemos venido diciendo con insistencia, en la medida que los acontecimientos lo hacen pertinente: la globalización también abarca las conductas de los seres humanos y los procederes de las instituciones, sean nacionales o internacionales. En esa línea, lo que más resalta es la necesidad de reordenar constructivamente y con visión evolutiva todos los comportamientos para que el mundo del presente habilite salidas hacia el futuro.

Especialmente para los políticos y para sus organizaciones, ceñirse a los cánones del realismo es un esfuerzo muy dificultoso, que despierta todo tipo de resistencias; pero la lógica de los tiempos va impulsando de manera irresistible hacia ahí. Sin abandonar los ideales ni descuidar el ejercicio de los valores, hay que decidirse a potenciar ese realismo que es la mejor apuesta para obtener resultados que valgan la pena y que sean sostenibles.

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