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No cambiar no es una opción

¿Deberíamos los salvadoreños de prestarle más atención a la realidad nacional? La respuesta es SÍ. El asunto es que la solución de los principales problemas demanda una activa participación ciudadana y un compromiso de país.

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Rafael Ernesto Góchez

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Para muestra un botón: no hay un solo país que haya logrado un índice alto de desarrollo humano sin trabajo duro, sin educación de calidad, sin aplicar efectivamente la ley, sin profesionalizar el servicio público y sin aumentar el recaudo tributario.

Asumir que "papá gobierno" o "don mercado" –de forma instantánea- va a sacar adelante el país es incorrecto. Los hechos indican que es la laboriosidad, la resiliencia y la solidaridad de los emigrantes salvadoreños lo que mantiene a flote la economía nacional. Es decir, las remesas que envían los compatriotas que viven en el exterior son la variable socioeconómica más importante en las últimas décadas. Es artificioso, por tanto, plantear que la estabilidad salvadoreña se debe a las políticas públicas respaldadas por las instituciones financieras internacionales (BCIE, BID, BIRF, FMI y otros).

En este marco y dado que ha comenzado a frenarse la emigración masiva, la relativa estabilidad salvadoreña podría esfumarse en pocos años. ¿Por qué? Porque al desacelerarse y luego reducirse la entrada de remesas, es probable que crezca el subempleo y los negocios oscuros. Por ello, la atracción de inversiones y la generación de empleo a nivel local es vital para el país.

Este reto sobrepasa la pugna electorera, por lo que, las organizaciones cívicas, el sector productivo y la academia deberían ayudar a crear una visión común y un diálogo colaborativo con el GOES. ¿Para qué? Para lograr un compromiso de país y sentar las bases de un modelo de desarrollo sostenible. Aquí los principales argumentos para ponerle atención a un tema de interés nacional e intergeneracional.

1. El motor (exportación de mano de obra) del actual modelo está fundido. El entorno antiinmigrante (militarización de fronteras desde EUA a El Salvador) es una señal categórica. Hagamos el siguiente ejercicio mental: imaginémonos cómo sería El Salvador si aquí vivieran los 3 millones de compatriotas que residen en el exterior. ¿Cómo sería la vida nacional si no se recibieran más de $ 5,500 millones anuales de remesas (una quinta parte del PIB)?

2. La dirección (concentración del poder en pocas manos y en el AMSS) del actual modelo es equivocada. Los hechos son contundentes. Hagamos el siguiente ejercicio mental: imaginémonos cómo sería el país si el AMSS no concentrara el 75 % de la actividad económica y si la población del interior tuviera acceso a servicios básicos y trabajo. ¿Cómo sería la vida nacional si el 85 % de los departamentos (12 de 14) dejaran de ser expulsores de población?

Conclusión: el cierre de la válvula de escape que ha tenido El Salvador por décadas (emigración masiva) es probable que tenga serias consecuencias en el mediano plazo: (1) disminuiría la entrada de divisas, el consumo y el crecimiento, (2) tambalearía la dolarización, y (3) aumentaría la presión social hacia el GOES. Por otra parte, la estrechez del mercado laboral interno, la sobrecarga poblacional (hacinamiento) del AMSS y la tugurización del AMSS estarían creando condiciones que favorecen al crimen. En resumen, el modelo centralista basado en la exportación de mano de obra es insostenible y se destruye a sí mismo. No cambiar de modelo no es una opción.

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