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No enfrentamiento sino diálogo

El pueblo salvadoreño está cansado, quiere soluciones y si la sociedad política no responde como debe, el riesgo es que aparezca un político mesiánico tipo Hugo Chávez, que suena muy bonito al inicio, pero que termina destruyendo al país.
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Cuando los países atraviesan por situaciones graves, por desastres naturales, condiciones adversas o amenazas a su población nace un espíritu de solidaridad y deseos de trabajar unidos para sobreponerse y salir adelante. Lamentablemente, en El Salvador, por darle preferencia a las ideologías, no se puede lograr esto que demanda la inmensa mayoría del pueblo salvadoreño.

La tozudez ideológica ha causado que El Salvador tenga el menor crecimiento económico del istmo centroamericano, con un promedio de 1.8 % en los 5 años a 2014; y solo superando a Venezuela (1.1 %) en Latinoamérica. Y esto no cambiará en 2015, porque el crecimiento esperado de 2.2 % para El Salvador puede llegar a ser mucho menor por el efecto sequía y la baja inversión extranjera, nacional y pública, con lo cual solo se superaría a Ecuador (1.9 %), Argentina (-0.3 %), Brasil (-1.0 %), y Venezuela (-7.0 %).

“Son los privados, estúpido”, debería ser la expresión en la mente de todos, parafraseando la expresión “the economy, stupid”, de los estrategas electorales de Bill Clinton (1992), que luego se utilizaría para señalar lo más relevante de una situación. Si atacan a los empresarios privados, representándolos como explotadores, acaparadores (sin encontrarles nada), causantes de todos los males, a quienes hay que imponerles más y más impuestos, entonces no espere que ellos aporten con fuerza al crecimiento económico.

“Los privados crean empleos, estúpido”, por eso no se debe olvidar que ellos son los únicos que los generan, porque el Estado da empleos que paga con los impuestos que recolecta de los privados, trabajadores y empresarios. Entonces, pregúntese: ¿qué pasaría si ellos no pagaran impuestos? Simplemente no habría Estado ni burocracia.

“Es el país, estúpido”, donde se debe reconocer con honradez que se tiene una situación de crisis económica, social y de inseguridad, que demanda al gobierno y oposición, sociedad civil y política, trabajadores y empresarios a unirse para encontrar soluciones. Qué grande sería si logran entender que esta es la tierra y el pueblo que Dios le ha dado a El Salvador y nuestro deber de hijos agradecidos trabajar para salir adelante, para solucionar nuestros problemas.

“Es el exceso de gasto, estúpido”, no es falta de recursos, que primero se deben crear, dando oportunidades a los emprendedores para generarlos y después recolectarlos vía tributos, para luego gastar.

“Es la delincuencia, estúpido”, que está poniendo freno a la inversión, a la generación de empleos y hundiendo a la gente en la desesperanza. Superaron el “paro” cuando las maras decidieron levantarlo. Pero esto seguirá una y otra vez si no tienen efectividad, condición hasta ahora desconocida tras 6½ años de gobiernos del cambio.

“No es la oposición, estúpido”, es la propia incapacidad y la ideologización que aísla al Gobierno y le resta posibilidades de contar con ideas adicionales y encontrar las mejores posibles soluciones. Por último, aunque sea para compartir las responsabilidades.

“Es el pueblo, estúpido”, que tiene la razón y hay que escucharlo con atención: no quiere más confrontaciones, quiere soluciones y que sean de verdad, sin el egoísmo que solo lleva a pensar en las próximas elecciones.

Ha llegado el momento de tener, primero, un cambio en el “estilo” de gobernar, para terminar de causarnos tanto daño como país. La gente necesita que el sector político comience a generar esperanza, a trabajar por El Salvador y no por intereses ideológicos mezquinos. Si ARENA le extendió la mano al Gobierno para trabajar en conjunto para encontrar soluciones efectivas a la gravísima situación de inseguridad pública, las descalificaciones de antemano no son la mejor expresión de deseos de dialogar para encontrar políticas de Estado.

Segundo, cambio de “forma” cómo gobernar, más abierto, que deje espacio a la ciudadanización que abre las puertas a la sociedad civil a participar en la formulación de políticas públicas.

Tercero, un cambio de “actitud”, donde la oposición señale las deficiencias del gobierno “con altura” –ese es su papel fundamental–, y el Gobierno deje de perseguir a quienes no concuerdan con él. El pueblo salvadoreño está cansado, quiere soluciones y si la sociedad política no responde como debe, el riesgo es que aparezca un político mesiánico tipo Hugo Chávez, que suena muy bonito al inicio, pero que termina destruyendo al país.

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