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No es aceptable bajo ningún concepto que el endeudamiento se convierta en el salvavidas permanente de las finanzas públicas

Si el endeudamiento se contrae para generar desarrollo puede ser muy positivo y beneficioso; si se utiliza para cubrir agujeros resultantes de una equivocada administración de los recursos puede llegar a actuar como veneno financiero de altísimo riesgo. Por eso hay que administrar su uso de la manera más cuidadosa que sea posible.
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El manejo financiero del Estado viene siendo irregular desde hace bastante tiempo, y en realidad todo deriva de la transgresión constante de un principio universal de validez incuestionable: si se gasta más de lo que se tiene naturalmente disponible se va al desastre seguro. Se ha vuelto viciosa tradición entre nosotros estar siempre por encima de nuestras posibilidades, y cuando eso se da las tribulaciones llegan sin remedio. Si vivir dentro de la peligrosa lógica de “coyol quebrado, coyol comido” es estar siempre con el agua al cuello, cuando se avanza en la línea perversa de gastar más de lo está sanamente a la mano se llega al ahogo incesante, que es lo que padecemos los salvadoreños por efecto de las malas políticas acumuladas. Entonces se acude al endeudamiento compulsivo, que desde luego trae complicaciones aún más graves.

Tal estado de cosas lo va contaminando todo, como puede constatarse con la distorsión que viven desde hace mucho los Presupuestos Generales del Estado; distorsión que durante bastante tiempo fue tolerada sin mayores resistencias, pero que hoy por la misma lógica del proceso está siendo cuestionada de manera abierta y persistente, como vemos en las dificultades que tiene el Gobierno para sumar votos respecto del Presupuesto para 2017. No es conveniente que se llegue al inicio del próximo año sin Presupuesto aprobado, porque aunque entonces sigue en vigencia el actual las nuevas condiciones de la realidad no podrán ser atendidas como se debe; pero eso no debe servir de argumento automático para hacer una aprobación sin análisis: lo que tendría que haber es un entendimiento que haga posible que el nuevo Presupuesto no lleve vicios de origen. Este punto, como todos, tendría que resolverse sin prejuicios ni pasionismos.

El tema del endeudamiento público ha venido tomando preeminencia por el manejo abusivo que se ha hecho de él. Endeudarse es legítimo, pero siempre que se haga de manera sensata, respetando en todo caso los límites de una práctica responsable del mismo. Si el endeudamiento se contrae para generar desarrollo puede ser muy positivo y beneficioso; si se utiliza para cubrir agujeros resultantes de una equivocada administración de los recursos puede llegar a actuar como veneno financiero de altísimo riesgo. Por eso hay que administrar su uso de la manera más cuidadosa que sea posible.

Endeudarse sin control va conduciendo a la inviabilidad de la política pública, como ya es patente de manera dramática en nuestro caso nacional. Y cuando eso ocurre se hace aún más visible el hecho de que el único mecanismo de sostenibilidad financiera nacional es el que resulta de un adecuado crecimiento económico. Para lograr que éste se produzca es indispensable estimular y activar las fuerzas de la iniciativa privada, que son las que despliegan creatividad productiva en el terreno. Tanto la empresarialidad como el emprendimiento son dinámicas que promueven de veras el progreso, y cuando se desarrollan sistemáticamente en una sociedad específica hacen que sus efectos determinen el cambio constructivo que es motor de la prosperidad. Hacia ahí tendríamos que avanzar, en vez de estar queriendo validar populismos obsoletos.

En cuanto al endeudamiento, nos encontramos ya en zona de alto peligro, sobre todo porque se viene usando para tapar hoyos y no para abrir rutas. Este es otro de los factores que evidencian el rumbo incorrecto que la ciudadanía señala cada vez que se indaga su opinión al respecto.

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