No es el modelo, es la ética...

El debate político contemporáneo entre modelos económicos de derecha e izquierda –en teoría– se limita a más o menos controles del Estado o del mercado; en Latinoamérica
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El debate político contemporáneo entre modelos económicos de derecha e izquierda –en teoría– se limita a más o menos controles del Estado o del mercado; en Latinoamérica, la debacle entre el Socialismo del siglo XXI y los oligarcas neoliberales se ha reducido a pretender disminuir la pobreza destruyendo el aparato de riqueza (marxismo light) a través de acciones simbólicas y prácticas tales como el intervencionismo estatal (expropiar, burocratizar, perseguir, etcétera).

Más allá de los preceptos del marxismo, socialismo científico o socialismo utópico asociados a la lucha de clases, crítica a la economía, control del aparato de producción e ideología, el problema de la viabilidad de un modelo es sustancialmente “ético”, veamos por qué.

Si los medios de producción dejan de ser controlados por empresarios dominantes –oligarcas– y pasan a ser administrados por la nueva oligarquía de la izquierda, las cosas no cambian mucho; lo que sí vemos que sucede es el deterioro de la eficiencia productiva: las empresas comienzan a quebrar, y se desata el descalabro económico; esto se debe a que el modelo intervencionista estatal ubica a correligionarios para controlar los aparatos productivos, y generalmente estos son incompetentes (existen varios casos de empresas de izquierda quebradas). La izquierda no preparó a su gente, y además se distanció de la intelectualidad y de la academia.

El poder corrompe si los funcionarios de gobierno no cuentan con principios sólidos. La izquierda latinoamericana siempre planteó una recurrente crítica a los partidos tradicionales de gobierno debido al clientelismo, corrupción y compadrazgo que configuraban sus prácticas tradicionales. No obstante, una vez la izquierda ascendió al poder estas prácticas no cesaron, solo se sustituyeron corruptores, y salvo excepciones, muchos funcionarios de izquierda lograron una transformación patrimonial sin precedentes.

La derecha privatizó todo lo que pudo, mientras que la izquierda estatizó como respuesta. No obstante los problemas del Estado no cambiaron mucho: con el modelo privatizador los servicios del Estado se hicieron un buen negocio para algunos, mientras con el modelo estatizador la burocracia es un medio obstaculizador para la mayoría. Al final, sea privado o público, las argollas cercanas al poder son las que salen beneficiadas, y el pueblo no...

Al ciudadano común le tiene sin cuidado el aspecto ideológico, ha votado por derechas e izquierdas y las cosas no cambian y no mejoran en su vida; la gente lo que busca es eficiencia y ética, dos variables difíciles de conciliar en el espectro político, ya que el poder “pudre” y “enferma” a la gente.

Uno puede ver a plena luz del día a los dirigentes de izquierda gozando los privilegios que ellos criticaban –y en parte está bien–; ostentan buenos vehículos, viajan en primera clase, crean sus empresas particulares, les gusta irse de vacaciones a Estados Unidos o Europa, envían a sus hijos a los mejores colegios y cuando necesitan servicios médicos cuentan con un buen seguro o viajan a atenderse fuera del país... Saben qué: “Todo aspiramos a esto...”, los de derecha y los de izquierda; el problema es que estos privilegios se reduzcan a los círculos de poder gubernamental. ¡Insistimos, es un tema ético, no de modelo!

Existen socialistas y neoliberales éticos, pero son muy pocos; gente con principios, que sí pueden vivir conforme a las enseñanzas de Monseñor Romero, o que puede hacer negocios de modo decente con generosidad y altruismo. Y también podemos imaginar un modelo ético que permita un encuentro a medio camino, sin extremas socialistas y neoliberales, comunistas y anticomunistas; en algún momento se le llamó “Estado de Bienestar”, con un mercado responsable y honesto y con un gobierno eficaz y fuerte. Pero todo con ética, esto es lo que les hace falta...
 

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