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No es el utensilio, sino...

Falso. El FMLN no tiene la “sartén por el mango”, como dicen que dijo su ilustrado secretario general en el Foro de Sao Paulo. Lo que sí tiene es una “papa caliente” en la mano, la cual fue sobre hervida en un trasto mal oliente.
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Por supuesto que ese mensaje es entendible, lo único es que choca contra una realidad lacerante, signada por una larga lista de problemas que el gobierno no puede administrar, ya no digamos solucionar. Pero en su alienación piensan que un pírrico crecimiento del 2.5 % (ya desacreditado por el Banco Mundial), la incontrolable criminalidad, el deterioro creciente de los servicios básicos y un montón de etcéteras más son pasos ineludibles para llegar a la sociedad sin clases que idealizó don Carlos y que dio un salto de calidad con Chávez.

Sin embargo, lo están haciendo muy bien a través de la voracidad fiscal, la opacidad en el manejo de la cosa pública, el uso partidario de los cuerpos de seguridad (caso de la Alcaldía de Zacatecoluca), la matonería de que hacen gala sus huestes hostigando a las gremiales empresariales y a los ciudadanos indignados por el statu quo, el papel de CAPRES en la protección de asesinos del volante, el ocultamiento de información que puede aportar evidencias del saqueo del erario público, y de algo todavía más grave: del supuesto atropello de la voluntad popular en las elecciones presidenciales pasadas.

Entonces, eso de que tienen la sartén por el mango seguramente solo lo cacarearon en las sesiones plenarias para, contra toda evidencia, congraciarse con los fieles. ¿Pero qué habrán dicho en las reuniones químicamente puras? Y aunque en esas instancias cada quien se guarda sus propios secretos, sin duda los invitados foráneos se quedaron perplejos al contrastar los logros pregonados y elevados a la excelsitud durante los dos gobiernos del FMLN, con lo que vieron en la prensa escrita y en la televisión, para concluir en que la imaginación supera con creces la realidad. Punto y aparte, pero no divorciado de toda esta entelequia, está por supuesto su solidaridad con gobiernos marrulleros, autoritarios, violadores de los derechos humanos, corruptos y cobardes, como el de Venezuela. Pero igual, al actuar como títeres, qué cosas se dirían en esas reuniones supersecretas.

Asumiendo que en estas últimas dedicaron un espacio para la sinceración –porque su mismo traumatismo ideológico les impide hacer actos de contrición– seguramente la conclusión de que sus afanes deben continuar con más ímpetu, para desacreditar lo que está ocurriendo en la tierra de Bolívar, Brasil y la Argentina. Pero la conclusión más contundente, según ha trascendido, es que la izquierda debe seguir luchando contra el imperio, porque a través de su continuado intervencionismo y el patrocinio de entidades como la CICIG en Guatemala pueden derrumbar todo su proyecto político al desnudar la corrupción, el engaño y la falsa lucha a favor de los pobres. Así, sus experimentos serían exhibidos como pobres emuladores de los regímenes que tanto criticaron.

Ahora bien, ese ensimismamiento de cofradía sin duda volvió a contaminar al señor presidente. El partido en el poder, que hace gala del respeto que le profesa a la institucionalidad, la separación de poderes y la transparencia, virtualmente comprometió al profesor Sánchez Cerén en un evento al que por su propia naturaleza no debería de haber asistido. Pero aceptado esto como una expresión de sumisión a los dictados del partido, incurrió en el despropósito, y esto lo digo con todo respeto, de etiquetar como golpistas a cuatro miembros de la SC, por haber invalidado la designación de las autoridades superiores de la Corte de Cuentas. Con esto se sumó abiertamente a quienes quieren hacer de todas las instituciones su coto de caza, mientras ignoró a los verdaderos golpistas, o sea a quienes desde sus curules entran en componendas infames para facilitar sus fechorías y destruir el sistema, haciendo de la Constitución un trapeador y desafiando vulgarmente nuestra inteligencia. Creo que por el papel de esa Sala, el personaje del cuento no se atrevió a decir con don Alberto Cortez, “tenemos el mango también”.

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