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No hay borrador para corregir el pasado, pero sí un lápiz para escribir el futuro

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Joaquín Rivas Boschma

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El Salvador se encamina hacia un nuevo umbral político, en la incansable búsqueda de lograr un desarrollo equilibrado y justo, para todos los ciudadanos. La oportunidad deriva de una era de cambios en donde el país no ha sido inserto por parte de los gobiernos de turno anteriores, y, por ende, se encuentra rezagado en todos los temas de relevancia que marcan a un país desarrollado. El término país desarrollado se refiere a países que han logrado un alto grado de industrialización, y cuyos habitantes disfrutan de un alto estándar de vida, promedian un Índice de Desarrollo Humano (IDH) entre 0,800 a 1; y un PIB per cápita a partir de 18,500.

Algunas características de un país subdesarrollado se asemejan bastante a las de El Salvador, considerado de renta promedio, siendo estas: alto índice de desempleo, desmesurado índice de corrupción, desigual distribución de los ingresos, escaso presupuesto destinado a la ciencia y tecnología, elevada deuda externa, desarrollo tecnológico dependiente de otros países, y alto crecimiento urbano. También una característica es que son dictadores quienes monopolizan el poder. El IDH mide el promedio de los avances de un país, en tres dimensiones: vida larga y saludable, conocimientos y el nivel de vida digno, y El Salvador cuenta con un índice de 0,674 (2017), habiendo disminuido con respecto a 2016 (0,679). Ocupa, dentro de ese ranking, el puesto 121 de 187 países analizados.

Los tres factores críticos examinados, bajo el IDH, son la salud, educación y los ingresos (PIB), y en nuestro país, los habitantes tienen una esperanza de vida de 73,51 años, una tasa de mortalidad del 6,73 % y un PIB per cápita de 3,352. Ese es el resultado del desempeño, que como país, hemos logrado alcanzar, tanto por gestión gubernamental, como por la actuación empresarial, y sociedad civil, bajo un conjunto de leyes e iniciativas en un contexto propio de modelos de gobiernos centralizadores.

Ante ese entorno, agregaré que el crecimiento de los países ricos de hoy ha aumentado los índices de pobreza entre los países en vías de desarrollo. Esto significa, para sacar el lápiz y escribir el futuro, que los nuevos gobernantes tienen varias tareas críticas por delante, como poner una meta para "reducir la pobreza", desarrollar la estrategia de inserción de la economía del país a la economía mundial, implementar la estrategia de crecimiento económico, de plazo inmediato, mediante la aceleración de inversión local y extranjera, directa, a procesos de generación de empleo y riqueza a la economía. Debe poner en acción una campaña de preferir lo hecho en El Salvador, sin ser críticos de la calidad; mientras, pone en marcha una política pragmática de inversión social, libre de populismo político para perpetuarse en el poder, capaz de llevar una articulación de creación de bienestar a las personas, por medio de la enseñanza y educación para progresar, más que por efecto de donaciones y entregas de dinero sin ofrecer nada a cambio. Aunado a estos temas, hay que escribir la historia desde el futuro, para incidir en el presente, mediante el combate, atacando la raíz del problema más que sus efectos y consecuencias, al flagelo de la violencia, criminalidad e inseguridad, a la vulnerabilidad del sistema de salud, a la falta de visión competitiva de la educación, a la excesiva burocracia, a la impunidad, a los abominables actos de corrupción. Tenemos el compromiso, todos, de escribir nuestra historia futura dejando atrás el pasado.

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  • El Salvador
  • Índice de Desarrollo Humano
  • renta promedio
  • PIB
  • pobreza
  • populismo
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