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No hay destinos inmutables

Esta frase se ha popularizado en los últimos tiempos gracias al ejemplo de cambios estructurales que se han gestado en múltiples países con miras al desarrollo sostenible.
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Uno de los países más destacados es Taiwán, ya que con una limitada extensión territorial y la carencia de recursos naturales logró importantes avances. En 1949 sus índices de pobreza eran sumamente altos y era considerada una autocracia mayor que la de Haití.

En cuatro décadas, Taiwán ha logrado superar su “tradicional” pobreza y actualmente es considerada una democracia estable, una que es dos veces más rica que Argentina. El alto nivel de responsabilidad y educación financiera le permitió a Taiwán, en 2011, cancelar la totalidad de su deuda externa.

Las virtudes del modelo taiwanés se replican a escala mundial con miras de lograr el éxito que ha alcanzado el país en tan corto plazo.

Ante un modelo tan efectivo, Taiwán da una lección a El Salvador. Hace 64 años, el futuro de Taiwán parecía estar condenado por su pasado lleno de inestabilidad política, una economía convulsionada y una condición geográfica no favorable. Pero aun con estas problemáticas generacionales Taiwán decidió romper este ciclo con el conocido “Milagro económico”.

La historia salvadoreña ha estado inmersa en hechos negativos que han marcado el acontecer social y económico, que han dejado como resultados secuelas que entorpecen el desarrollo. Con un pasado y un presente no muy favorables pareciera que nuestro futuro está escrito y que este es irrevocable.

Sin embargo, países como Taiwán y Singapur, que en el corto plazo han dado el salto de ser considerados países pobres a economías desarrolladas, se han dado la tarea de demostrar que el futuro puede ser prometedor siempre y cuando exista una generación que esté dispuesta a cambiar el ciclo de la historia.

Durante años nos hemos encontrado haciendo siempre lo mismo y esperando resultados distintos. Si bien El Salvador no reúne las condiciones más favorable esto no puede continuar siendo el pretexto que escriba nuestro futuro.

Bajo el principio “la pobreza o la prosperidad son electivas en nuestra época” nos han dado el reto de dar un paso al auto convencimiento de que es posible cambiar el rumbo de la historia, ya que las condiciones y limitantes pasadas no pueden continuar siendo el grillete de nuestro desarrollo.

El ser humano se encuentra constantemente en busca del bienestar; sin embargo, en muchas ocasiones se rehúsa al compromiso y a los cambios que esto implica y este es el segundo reto, el éxito no es resultado de un hecho fortuito, es consecuencia del trabajo y la disciplina.

Nadie afirmó que alcanzarlo fuera fácil, pero tampoco nadie dijo que fuera imposible lograrlo. Una generación que haga historia debe estar dispuesta a pagar el precio y asumir con responsabilidad el compromiso que esto representa.

Mientras existan excusas habrá pretextos, pero es el tiempo de hacer cosas nuevas. A lo largo de la historia hemos hecho nuestra una realidad que puede ser mejor. Abracemos de hoy en adelante el compromiso de escribir una nueva historia que marque un antes y un después.

Si Taiwán pudo lograrlo ¿por qué no El Salvador? Ambos países cuentan con características muy semejantes, pero la diferencia fue una generación que se formó 40 años atrás y que estaba dispuesta a hacer cambios.

Lo que El Salvador necesita es el rejuvenecimiento de su estructura y ciudadanos que tengan la verdadera visión de un mejor futuro.

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  • pobres economias
  • resultados
  • prosperidad

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