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No hay peor ciego que el que no quiere ver

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Las palabras recientemente pronunciadas por el teórico marxista doctor Dagoberto Gutiérrez resultan extremadamente preocupantes, en tanto la derecha ilusa y casi infantil se ufana de haber recuperado el control de la Asamblea Legislativa y que de aquí en adelante ya nada los detendrá; don Dago arengaba: “El 4 de marzo le volamos la cabeza a la primera culebra... y en febrero próximo cortaremos la segunda... y entonces surgirá el nuevo proyecto...” la izquierda de la izquierda (habría dicho en otro programa) “ya nada nos parará”.

La genuina pregunta es ¿por qué surgen estos proyectos populistas en los que se incrustan las ideas radicales de odio de clases, sin que nadie logre aparentemente detenerlas? ¿Se trata acaso de un signo de los tiempos en donde empiezan a florecer pequeños anticristos, que son seguidos por una multitud hipnotizada; o es la simple consecuencia de la indolencia de una clase política que en general es inmune al clamor de la población y a la que le importa muy poco lo que el Pueblo diga a través de las votaciones?

A juzgar por lo que está ocurriendo en Nicaragua y Venezuela, en donde las masas se rebelan contra los dictadores; y lo que está pasando en México, con la figura de López Obrador, un candidato populista que está por ganar las elecciones de ese país; a juzgar por lo que pasa en el mundo, en donde las poblaciones se rebelan contra la descomposición y la ineficiencia de los partidos; podemos concluir que nuestro fenómeno no es un acto sobrenatural, sino un evento propio del cansancio de ver la podredumbre enseñoreada de la mano de otra vieja asquerosa: la corrupción; delante de sus eternos espectadores: la indiferencia y la matonería. ¡Ese es nuestro verdadero problema! En El Salvador creemos que porque perdió el contrario ganamos nosotros; y eso no es cierto. ¡La Democracia está en peligro!; nos estamos yendo hacia los polos de la manera más peligrosa; la derecha, hacia una derecha intransigente e intolerante, que mira comunistas hasta en la sopa; la izquierda, hacia la extrema, en donde la pluralidad no cabe y la representatividad es un “defecto burgués” que debe ser extirpado, para pasar luego a la verticalidad en donde solo tenga voz el politburó y el gran líder; y en el camino de la polarización, delante de la frustración que genera la corrupción de los políticos, aparecen los populistas que prometen todo lo que se quiere escuchar.

¿Y qué hacen los flamantes diputados recientemente nombrados? ¡Se burlan una vez más del Pueblo que los eligió! En tres días de funcionamiento, bajaron la directiva de 14 a 11 miembros, lo que es una payasada si consideramos que en otros países hay un presidente y dos o tres vicepresidentes, como en Gran Bretaña, España o Suecia. Pero acá nos sobra la plata, porque claramente somos más ricos que esos países; y por eso seguiremos viendo a nuestros representantes viajar por el mundo con el dinero del pueblo y una absurda reducción del 5 % anual en los gastos de viáticos, boletos y gasolina; y esa es la segunda mofa; pero la más brutal, la más detestable, resulta cuando deciden hablar de construir un nuevo palacio legislativo, en vez de disminuir gastos para contribuir a paliar el horrendo déficit fiscal que nos atormenta. Y después no entendemos por qué la gente sigue a los populistas.

Los culpables son ellos, los políticos indolentes que se rehúsan oír al Pueblo; porque al fin y al cabo, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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