No hay que buscarle excusas a la ineficiencia, sino encararla y tomar las medidas correctivas

Lo lógico de inmediato sería asumir responsabilidades y tratar de que al final de cuentas las cosas queden debidamente aseguradas, sobre todo en lo más importante, que son los resultados de las urnas.
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Desde el pasado domingo, cuando tuvo lugar el evento para elegir diputados y concejos locales, la situación con respecto al mismo se empezó a convertir en un muestrario de fallas y de desajustes que fueron dando la pauta de que toda la organización correspondiente se hallaba en situación deplorable. El hecho de que hubiera tantos atrasos injustificables en la apertura de los centros de votación, lo cual no tenía nada que ver con el manejo informático, fue la primera señal de que había y habría problemas. En general, el electorado se comportó de una manera ejemplar, y por eso resalta aún más la incompetencia de las autoridades para haber garantizado una dinámica fluida y oportuna, tal como ha ocurrido en ocasiones anteriores.

Resulta francamente inverosímil que ahora, cuando hay recursos tecnológicos disponibles que antes ni siquiera eran imaginables, se hayan producido entrampamientos tan notorios e inexcusables. Es claro que, como siempre, las actas estaban ahí desde el primer momento, porque se levantan en las respectivas mesas de votación. Fue cuestión de transmisión y de tabulación. Y éstas no funcionaron porque el esquema de trabajo informático de seguro fue ineficaz desde sus inicios. Eso de repartir la responsabilidad entre varios sin cuidar las debidas coordinaciones siempre acarrea desfases y contradicciones.

Una vez sucedidos los percances, hay dos actitudes posibles: la que se refugia en la negación repartidora de culpas ajenas y la que procura resolver los inconvenientes de manera eficaz y responsable. Desafortunadamente, en nuestro medio prevalece la primera actitud. Y hoy volvemos a comprobarlo: desde la cúpula del TSE, que desde luego es la primera cuestionada, ya se está hablando de complots y sabotajes, posiblemente queriendo armar una novela de intriga en torno a hechos que son patentes sin mayor esfuerzo. Habrá que esperar las pruebas que se ha ofrecido aportar sobre los señalamientos indicados, para conocer si hay base de sustentación en lo denunciado. Lo lógico de inmediato sería asumir responsabilidades y tratar de que al final de cuentas las cosas queden debidamente aseguradas, sobre todo en lo más importante, que son los resultados de las urnas.

Volvemos a un punto que es fundamental para que la institucionalidad, en todas sus expresiones, funcione como se debe: la interacción institucional. Para el caso, en lo que se refiere a los eventos electorales, es determinante que las autoridades encargadas, con el TSE a la cabeza, estén en plena armonía institucional con los partidos políticos y con otras entidades públicas como la Fiscalía General de la República. Y no dejar que los pasionismos del momento se apoderen de la situación, porque eso lo que hace es complicar aún más las cosas.

Ya está en marcha el escrutinio final y ojalá que ya no haya más complicaciones, para tener muy pronto datos firmes y confiables sobre lo que verdaderamente se dio en las urnas el pasado domingo. De ahí en adelante hay que dedicarse a proyectar la acción política a la luz de las correlaciones de fuerzas que resulten, especialmente en la Asamblea Legislativa. En todo caso hay que exigir racionalidad y responsabilidad.

El país está urgentemente necesitado de que todos sus actores nacionales entren en razón compartida sobre un hecho crucial: la necesidad de empujar de veras hacia adelante.

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