Lo más visto

Más de Opinión

No hay que perder de vista que el país está requiriendo desde hace mucho un pacto fiscal que ponga orden y genere confianza

El principal obstáculo para alcanzar un pacto fiscal que merezca el nombre de tal se halla en las resistencias políticas a dejar a un lado las maniobras destinadas a ganar ventajas en negociaciones que generalmente se hacen bajo la mesa.
Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

A diario, y desde todos los ángulos imaginables, se está haciendo referencia al imperativo de ordenar las finanzas públicas y de establecer mecanismos de control adecuados para que éstas en ningún caso ni circunstancia se salgan de control, como ya ha ocurrido en el pasado reciente, con los efectos depredadores que eso siempre acarrea. La situación al respecto se ha ido volviendo cada vez más insoportable, especialmente para los que están al frente de la conducción nacional, que en vez de asumir el reto de tomar todas las providencias necesarias y oportunas para redimensionar y redireccionar dicha temática se refugian en el argumento fácil de culpar a los que están en el ala opositora por todos los despropósitos que ocurren.

En el país ya no se puede continuar con la desafortunada práctica de vivir al día prácticamente en todo, y menos persistir en el hábito de acudir al endeudamiento para cubrir obligaciones normales. Hace mucho tiempo que dejamos de estar “coyol quebrado, coyol comido” para pasar a una permanente escasez de recursos que hace que la institucionalidad pública viva “a tres menos cuartillo”, como se dice en lenguaje salvadoreño tradicional. Esto mantiene en constante zona de crisis a los servicios públicos de mayor relieve para la población como son los de salud y de educación, donde las carencias son generalizadas e impactantes. Y en tanto no se tomen medidas estabilizadoras que funcionen de veras no se logrará salir de esta situación tan deplorable.

Cada cierto tiempo resurge la proposición de avanzar hacia un pacto fiscal que asegure no sólo estabilidad sino también, y de manera muy relevante, predictibilidad en función del presente y de cara al futuro. Hasta la fecha no ha habido ningún avance significativo en esa línea, y a lo más que se ha llegado es a ponerse de acuerdo para sumar votos que hagan mayoría calificada en lo tocante a la aprobación de créditos específicos. Esto es simplemente reiterar la vieja práctica de estar jugando con la correlación aritmética para beneficio de fuerzas representadas, olvidándose de hacer que la estabilidad prevalezca.

El principal obstáculo para alcanzar un pacto fiscal que merezca el nombre de tal se halla en las resistencias políticas a dejar a un lado las maniobras destinadas a ganar ventajas en negociaciones que generalmente se hacen bajo la mesa. Y además, un pacto fiscal en serio traería compromisos de responsabilidad y de austeridad que son inherentes a un buen ejercicio de la temática y de la problemática referidas al desempeño financiero.

En ese campo, como hemos recordado insistentemente, no sólo hay necesidades inmediatas por atender sino compromisos inminentes por honrar. Y si no hay orden en este campo lo que se prevé es más inseguridad, mayor deterioro y constantes brotes de insatisfacción ciudadana, porque en definitiva es la ciudadanía la que más sufre los deterioros y los efectos de estos.

Un pacto fiscal bien elaborado y suficientemente sustentado sería un aporte fundamental para que el proceso del país pudiera avanzar con todas sus opciones positivas abiertas. Es lo que los salvadoreños anhelamos y merecemos.

Lee también

Comentarios