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No hay que seguir improvisando en el tratamiento de los problemas nacionales porque por esa vía lo que se consigue es enredarlos cada vez más

Hay cuestiones fundamentales, como la que se refiere a la activación del crecimiento económico, que vienen estando rezagadas en forma sistemática, debido a que no hay coincidencia política sobre los mecanismos de impulso en esa línea.
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La experiencia democrática en nuestro país, que tuvo una gran apertura de posibilidades luego de la conclusión del conflicto bélico, no ha podido desplegarse en los hechos como hubiera sido esperable porque las distintas fuerzas que se mueven en el escenario nacional no han sido capaces hasta la fecha de entrar en dinámicas de interacción que se orienten hacia las soluciones reales y sustentadas de los problemas nacionales, en particular de aquéllos más significativos para el destino de la nación y de todos sus integrantes. En gran medida, la responsabilidad de dicho déficit recae en las fuerzas políticas y en sus liderazgos, atrapados en un vacío de planteamientos estratégicos y programáticos que respondan a las necesidades del momento actual con miras hacia lo que está por venir.

Las administraciones gubernamentales sucesivas han venido padeciendo de una limitación de muy negativas consecuencias para la suerte del proceso nacional: carecer de un plan de acción que pueda proyectarse constructivamente en el tiempo. Cada Gobierno ha tenido en sus comienzos un plan de trabajo para desarrollar en el curso de la gestión, pero lo que ha caracterizado a dichos planes, con independencia de la identidad partidaria, es su inoperancia en el plano de los hechos realizables. El tiempo de un período presidencial es siempre más corto de que dice el calendario, porque hay fases de entrada y de salida vinculadas además con los procesos electorales que se dan en el camino, lo cual constriñe inevitablemente las posibilidades de realización; y ese es un argumento adicional para necesitar proyecciones de más largo alcance. La dificultad para que éstas se configuren y se activen es que los partidos nunca han podido ponerse consensuar fórmulas de acción que se adapten a una realidad que esté por encima de los limitados períodos en que se mueve la gestión política.

Hay cuestiones fundamentales, como la que se refiere a la activación del crecimiento económico, que vienen estando rezagadas en forma sistemática, debido a que no hay coincidencia política sobre los mecanismos de impulso en esa línea. Esto constituye un impedimento que cada vez se siente con mayor fuerza paralizante, mientras la necesidad de crecer a un ritmo y en una medida muy superiores a los que actualmente se dan se hace sentir de manera urgente. Seguir improvisando en este campo es una apuesta temeraria, que los salvadoreños no merecemos bajo ninguna excusa. Y así como en el tema económico, la improvisación se hace sentir con graves consecuencias en todas las otras áreas del quehacer nacional.

Es indispensable girar hacia nuevas actitudes que conduzcan a nuevas proyecciones y nuevos procedimientos. No habrá sostenibilidad, y por ende la gobernabilidad estará en riesgo constante, si no se generan las reorientaciones necesarias en la política pública, que no es solo responsabilidad del Gobierno sino de todos los sectores en conjunto. Si por algo el país está en crisis, aunque haya tantos esfuerzos fallidos para encubrirlo o para disimularlo, es porque no hay suficiente conciencia nacional en juego. En esto tenemos que insistir, ya que de seguir como estamos las posibilidades de progreso real se irán desactivando cada vez más.

Al estar a punto de iniciar un nuevo año es más que oportuno llamar a la sensatez en este ámbito, si es que no queremos permanecer en los empantanamientos que prevalecen.

Tags:

  • gobernabilidad
  • democracia
  • economia
  • sostenibilidad

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