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No más golpes a Dolores

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Era un lunes de setiembre de 2009. Dolores llegó con un ojo morado al juzgado en el que hacía mis horas sociales. Nunca había visto a una mujer golpeada en persona. Ella dijo que se había caído de las gradas de su casa. No le creí. Sabía que el esposo de Dolores era empleado del Órgano Judicial y que llegaba unas tres veces por día al juzgado. Cuando él llegaba, ella, con disciplina militar, salía del juzgado. Paraba sus labores para atender lo que le indicaba el miembro sindical.

La violencia es una palabra que se desayuna, almuerza y cena a diario en El Salvador. Es tan común que se le alcanza a ver como un viejo conocido (“ahí viene la violencia”) de los que se busca evitar (“evitemos la violencia”), pero que tarde o temprano la violencia te alcanza con sus tentáculos omnipresentes que no discriminan edad, profesión o estrato socioeconómico.

Esta semana circuló un video en el que un hombre violentamente arremete contra una mujer, la tira al suelo, la hala del pelo y estando en el suelo, la trata como un animal al decirle “estate quieta” y la remata con la frase “por eso tenés esa vida de miseria” (¿alguien conocerá una opinión más despreciable e hiriente?). Por si lo anterior fuera poco, con una muestra de cinismo enmarcada en una falsa superioridad de haber dominado físicamente a una señora, esta persona le indica que “debería tener vergüenza”.

Esa primera escena –digna del show de Jerry Springer– estaría incompleta si no se describe que también participó una segunda persona –mujer también–, quien llega a defender a la dama inicialmente agredida y humillada. Esta persona también corrió con la misma suerte, porque además de recibir un insulto (“déjame, maldita”), también interaccionó con la violencia.

El individuo involucrado, rasgándose las vestiduras al estilo de Poncio Pilato, señala que la publicación del video se trata de acciones de personas que buscan dañar su imagen. El nivel del descaro y desfachatez llega hasta la emisión de un comunicado de prensa: el agresor condenó todo tipo de violencia y con un video minimizó el incidente diciendo que son grabaciones de junio de este año y que hoy la mamá trabaja para él. Cabe indicar que el video fue grabado en un centro comercial de la Masferrer (“zona buena”) a plena luz del día. Se ve una persona en el fondo del video que no hizo nada y también se escucha un hombre que dice “llamá a la Policía”, pero que también apoderado de una cobardía e indiferencia no detuvo al agresor de mujeres.

Si esto ocurre en público, ¿qué no ocurrirá en privado? Un ataque a la mujer es un ataque hacia la vida misma, todos provenimos de una. Una mejor sociedad será aquella que no nos permita ser indiferentes ante la violencia o ante la injusticia, y donde el reproche a los gestos de violencia –con un particular énfasis en la violencia de género– sea promovida y aplaudida. Rechazando y condenando este tipo de actos de violencia, en donde no se pretenda justificar lo injustificable (un simple reconocimiento de actuar mal e indicar que ya se resolvió el problema era lo apropiado) es contribuir a expulsar a la vieja conocida, la violencia, de nuestra sociedad. Para mientras, podemos servir de eco para que la vergüenza la sienta el agresor y no la agredida, para que mañana, cuando ese hombre quiera agredir de nuevo a Dolores, piense en el reproche que la sociedad le hará. ¡No más golpes a Dolores!

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