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No nos quieren invitar a los debates

Los debates presidenciales han sido una especie de fiesta entre conocidos con un buen equipo de seguridad en la entrada. Los nuevos chicos del barrio no son siempre bienvenidos. Sin embargo, los debates no deben manejarse con las mismas reglas de un club privado.
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Son, digamos, las fiestas a las que todos queremos ir. Pero el problema es que los tipos de la entrada tienen fama de duros y solo dejan pasar a gente que ya conocen. Las fiestas a las que me refiero son los tres debates presidenciales en Estados Unidos, el primero de los cuales ocurrirá el lunes 26 de septiembre.

Los tipos de la entrada son de la Comisión de Debates Presidenciales, que desde 1987 se han encargado de organizar, con bastante éxito y autonomía, la logística para enfrentar a los aspirantes a la Casa Blanca. Esos debates suelen ser decisivos y separan a los improvisados de quienes tienen el carácter y preparación para ocupar el trabajo más difícil del mundo.

Sin embargo, la preocupación es que, por tradición e inercia, dicha comisión defienda los intereses de los partidos Demócrata y Republicano. Así, otros partidos o un candidato independiente tienen un obstáculo casi infranqueable para participar en los debates: el necesario 15 % de apoyo entre los votantes en un promedio de cinco encuestas.

En una elección como la del 8 de noviembre, con dos de los candidatos más impopulares en la historia moderna de Estados Unidos, sería recomendable tener más opciones. Donald Trump, el candidato republicano, tiene 63 % de opinión negativa, y Hillary Clinton 55 %, según una encuesta de Gallup. Las opciones existen, pero el problema es que pocos saben quiénes son.

“El 70 % de los estadounidenses no sabe quiénes somos”, me dijo en un foro el candidato presidencial del Partido Libertario, Gary Johnson. “En los últimos días hemos recaudado varios millones de dólares que nos servirán para que la gente reconozca nuestros nombres”. Por ahora, los libertarios apenas alcanzan 10 % en algunas encuestas.

Jill Stein, la candidata presidencial del Partido Verde, está en una situación aún más difícil. Las encuestas le dan 4 % o 5 %. Sin embargo, “ahí estaré”, le dijo al diario USA Today. Ella aseguró que está dispuesta a ser arrestada si no la dejan participar. “Me sentiría terrible si gana Donald, y me sentiría igual de mal si Hillary es elegida”, agregó.

Y el candidato independiente Evan McMullin, quien trabajó en la CIA, me dijo en una entrevista que Trump es un hombre muy “frágil” y que podría retirarse antes de la elección. Su plan es evitar que Hillary o Trump ganen los 270 votos electorales y que el Congreso escoja al nuevo presidente (algo que no ha ocurrido desde 1824).

Stein, McMullin y Johnson no han sido invitados a la fiesta. Tampoco los periodistas latinos.

Los hispanos son el grupo de electores de más rápido crecimiento en Estados Unidos. Este año habrá 27 millones de latinos elegibles para votar. El voto hispano es fundamental en estados claves como Colorado, Nevada y Florida. No exagero al decir que sin los latinos nadie puede llegar a la Casa Blanca. Pero nunca han querido invitar a un periodista latino a moderar uno de los debates presidenciales.

¿Por qué? No lo sé.

Hay una larga lista de periodistas latinos sumamente capaces que podrían hacer un trabajo extraordinario en esos debates, desde María Elena Salinas de Univisión y José Díaz-Balart de Telemundo hasta los periodistas de la cadena ABC Cecilia Vega y Tom Llamas y María Hinojosa de NPR.

Pero mi sospecha es que ambos candidatos tienen miedo de las preguntas que les harían. Sí, es verdad, estos reporteros –y muchos más– forman parte de un grupo del que no se habla lo suficiente, y sus preguntas podrían resultar poco convencionales.

Pero ya es hora. El país está cambiando. En 2044, según la Oficina del Censo, los blancos se convertirán en una minoría en Estados Unidos, y los debates presidenciales deben reflejar la creciente diversidad del país.

Los debates presidenciales han sido una especie de fiesta entre conocidos con un buen equipo de seguridad en la entrada. Los nuevos chicos del barrio no son siempre bienvenidos. Sin embargo, los debates no deben manejarse con las mismas reglas de un club privado. Esta nación también es de nosotros y debe incluir todos los colores y acentos.

Hasta el momento, ni los libertarios, ni los verdes, ni los periodistas latinos han sido invitados. Pero este es el momento para que la Comisión de Debates Presidenciales revise sus listas y haga nuevas invitaciones.

¡Abran los debates! Les aseguro que, si lo hacen, su fiesta servirá para renovar esta democracia en un momento de crisis (además que será mucho más divertida). No queremos ser los aguafiestas. Pero si no nos invitan, pueden esperar muchos gritos en la puerta de entrada.

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