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No olvido el año viejo porque ha dejado cosas muy buenas

El 2016 nos ha dejado una buena institucionalidad y una buena ciudadanía. Gracias a ello nuestro país ya no será el mismo.
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Este es el último artículo para 2016 de esta columna de opinión. Será entonces adecuado destacar lo importante acontecido este año.

Han ocurrido situaciones relevantes que alimentan el pesimismo del alma nacional y ennegrecen más los nubarrones que penden sobre nuestro país: críticas finanzas públicas y situación de impago nunca antes vista; economía prácticamente estancada y sin señales claras de reactivación; incapacidad de clase política de establecer acuerdos significativos; incremento de protestas sociales, sea de empleados públicos o comunidades sin agua; agravamiento de la inseguridad ciudadana a pesar de la baja de homicidios.

Pero no queremos terminar el año deprimiendo más esa alma colectiva. Como dice la canción de moda en estos días: “yo no olvido el año viejo porque me ha dejado cosas muy buenas”. Y sin duda 2016 nos ha dejado cosas muy buenas en materia de fortalecimiento institucional y lucha contra la opacidad, la corrupción y la impunidad.

Ahora contamos con un “pedazo” de institucionalidad que está haciendo su labor “como Dios y la Constitución manda”. Primero fue la prestigiada y calificada Sala de lo Constitucional, luego el Instituto de Acceso a la Información, siguió el cambio de magistrados en la Corte Suprema de Justicia que permitió resucitar la cadavérica Sección de Probidad, y finalmente contamos con una Fiscalía General de la República valiente y decidida a combatir la corrupción e impunidad.

No es poca cosa lo que este alineamiento institucional ha logrado: tres expresidentes de la República, un ex fiscal general, ex altos funcionarios o funcionarios, dirigentes políticos, diputados, alcaldes, militares de alto rango, reconocidos empresarios, etcétera, llevados a la justicia civil o penal o investigados por ella (con un histórico primer condenado por enriquecimiento ilícito como el caso del exdirector del ISSS).

También este año empezamos a sentir la creciente presencia de una ciudadanía menos tolerante y más involucrada en la lucha contra la opacidad, la corrupción e impunidad, la cual va adquiriendo mayores grados de organización y articulación, especialmente entre los jóvenes. Como lo menciona el documento fundacional de una de esas organizaciones, compuesta sobre todo por jóvenes, el denominado Proyecto Cero: se han venido dando espontáneas y pluralistas manifestaciones ciudadanas ante los permanentes intentos antidemocráticos y autoritarios de controlar y monopolizar las instituciones del Estado, la falta de transparencia en el quehacer público, la corrupción y los abusos de poder: la lucha por la aprobación de la Ley de Acceso a la Información Pública, las denuncias por medio de las redes sociales de los abusos y malas prácticas ocurridos en el interior de la Asamblea Legislativa, el rechazo a los intentos de controlar y neutralizar a la Sala de lo Constitucional. Dentro de esta emergencia ciudadana destacan las crecientes y activas organizaciones juveniles, cada vez más preocupadas e involucradas en el quehacer sociopolítico del país.

Ante el deterioro socioeconómico y político que actualmente afrontamos, se necesita con urgencia una nueva ola democratizadora, especialmente impulsada por las nuevas generaciones. Se requiere de la emergencia de frescas energías políticas y sociales que sean capaces de darle un “empujón” al estancado proceso democrático. En estos momentos es fundamental impulsar el poder ciudadano, para que los que ahora han fracasado en el ejercicio del poder no sigan haciendo un mal uso de él. Ellos están ahí, monopolizando el poder político, y mientras sigan ahí como están, seguirá agudizándose nuestro deterioro económico y sociopolítico. Y no es justo que entreguemos nuestro presente y futuro a quienes ejercen el poder viviendo de las mañas de un pasado que no queremos y que debemos superar.

El 2016 nos ha dejado una buena institucionalidad y una buena ciudadanía. Gracias a ello nuestro país ya no será el mismo. Si logramos defender y consolidar la institucionalidad conquistada y fortalecer la organización y activismo ciudadano, nuestro país ya no será tan opaco y corrupto como lo ha venido históricamente siendo. Y con toda razón y significado podremos exclamar entonces ¡Feliz y Próspero Año Nuevo!

Tags:

  • institucionalidad
  • probidad
  • enriquecimiento ilicito
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  • impunidad

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