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No retrocedamos

Lo peligroso del desencanto es que encuentra tierra fértil en el populismo y en figuras mesiánicas. Este desencanto es el que ha habilitado al oficialismo a irse apoderando, poco a poco, de funcionarios e instituciones.

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Gumercindo Ventura - Economista salvadoreño radicado en Chicago, Estados Unidos

Gumercindo Ventura - Economista salvadoreño radicado en Chicago, Estados Unidos

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Estamos a casi 29 años desde que se firmaron los Acuerdos de Paz. El sacrificio de la guerra fue alto. Nos costó decenas de miles de vidas, muchísimos compatriotas desplazados, y una sociedad dividida en lo económico y lo social. Lo que se logró no fue poco. Si bien no comenzamos el camino de la posguerra con instituciones públicas y cimientos democráticos sólidos, hubo avances en muchos ámbitos que no hubiesen sido posibles sin sustituir a las balas por el diálogo.

Principios tan básicos como la libertad de prensa comenzaron a fortalecerse. Antes de la paz, el simple hecho de publicar una opinión de disenso o crítica significaba arriesgar la vida. Bombas, persecución, desapariciones y asesinatos estaban dentro de las tácticas usadas para suprimir e intimidar al periodismo crítico. También hemos tenido avances en temas de transparencia. Si bien el actuar de la Corte de Cuentas ha dejado mucho que desear en cuanto a cumplir con su misión como institución, estamos ya a casi 10 años de que se haya aprobado la Ley de Acceso a la Información Pública. Esta habilitó la creación del Instituto de Acceso a la información pública, una herramienta crucial de contraloría ciudadana para demandar cuentas claras en cuanto al manejo de las finanzas públicas.


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