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No se percibe un líder

El tiempo pasa, la crisis se acumula, el país sobrevive y los políticos nuevamente a la caza de una oportunidad, de un beneficio individual, en desmedro absoluto de la esperanza colectiva de un futuro digno que tanto pregonan y prometen en campaña “los políticos” cuando abrazan a quien se les ponga enfrente en plena campaña.

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Rafael Rodríguez Loucel / Decano de la Facultad de Maestrías, UTEC

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Pareciera que en la superficie las cosas caminan. El sistema aparentemente funciona, se produce, se consume en demasía, se invierte relativamente poco, se exporta menos de lo que se importa y otra vez el ciclo de esperanza de un conglomerado “que el país progrese y que la distribución del ingreso mejore por la vía de mayores puestos de trabajo en beneficio del recurso en abundancia”: la gente. La densidad también es vehicular y en su máxima expresión. La Navidad despegó, en las vitrinas vuelven a aparecer los artículos propios de la época. Pareciera que la necesidad potencial cada fin de año se incrementa por imitación y la mayoría se sienta más pobre.

Mientras tanto y por siempre se necesita un líder o alguien con el suficiente tiempo en el poder y capacidad real para provocar un giro país de una magnitud o envergadura, que definitivamente sitúe a esta nación en forma obvia, en posición de despegue o de escape del subdesarrollo de origen. Atraso de cuna que se ha agravado con la plaga del egoísmo y ambición de enriquecimiento con el trascurrir del tiempo de muchas personas que sin superarse en lo personal ambicionan en forma desmedida poseer riqueza.

Grave es la situación real “no aparente” de este territorio habitado por guanacos laboriosos, que se rebuscan, cacheros, pero que no quieren ver ni escuchar por comodidad personal, mientras su metro cuadrado no sea invadido. Y es que están esperando que sea un iluminado el que aparezca y reoriente al país por el sendero del progreso en beneficio de todos. No se percibe un líder auténtico, real y no mediático. Pero un candidato de redes sociales es posible con la virtualidad, que no requiere de la presencia del candidato para demostrar su potencial de liderazgo.

Es evidente en los apartidistas, que en el país ya son bastantes, percibir la ausencia de un líder real con sus dotes primordiales que lo distingan del resto por su capacidad de persuasión, de tomar decisiones acertadas para influir en la forma de ser o actuar de un conglomerado. No se advierte alguien capaz de influir en las actitudes de sus subordinados para que adopten un ferviente sentido del deber y de productividad.

Un líder de verdad, auténtico, no puede ser fotocopia o un producto virtual, tiene que ser presencial y que se comprometa con sus potenciales electores de viva voz; debiendo ser esencialmente humano con mucha tolerancia a la crítica. Que lo que diga, sea lo que piense y haga. Con mucha integridad y humildad en el sentido de que ese ciudadano sepa vivir con su verdad para poder trasmitir liderazgo a un pueblo angustiado por su pobreza. Que sea auténtico a semejanza de esos que registra la historia que han sido capaces de efectuar un trasplante cultural de disciplina, productividad, honradez y todos los principios y valores existentes, para que esta masa que habita en El Salvador (que eventualmente podría ser mayor) definitivamente prospere dignamente.

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