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No se vale hacer trampa a El Salvador

Cuando queremos que gane nuestro equipo o jugador favorito, y aceptamos que se haga trampa para lograrlo, estamos siendo parte de una conducta de hacer trampa; es comportarse haciendo las cosas incorrectas de la forma incorrecta.
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 Los salvadoreños en nuestra vida cotidiana desarrollamos la práctica de hacer trampa, y casi en todas las situaciones estamos alertas a no caer en dicha situación.

Existen trampas tan antiguas, que se repiten cada año, cayendo siempre la gente en ellas, como “el billete premiado”, “el cambio del billete de $100 porque no cargo documentos”, y muchos más. Todas las Navidades alguien llora porque perdió dinero cuando le hicieron una de esas trampas. El salvadoreño se caracteriza por ser desconfiado de sus propios compatriotas.

Hacer trampa es cuando la vendedora da menos producto por el precio pactado; cuando el producto es de mala calidad o está vencido y no se dice con transparencia; cuando alguien se mete en la cola, o en la fila del tráfico abusando de un inexistente tercer carril; cuando se da el “vuelto” incompleto; cuando se presta un servicio a medias cobrándolo completo; copiar en un examen (tanto el niño, joven como adulto); fingir estar enfermos para no ir a la escuela o al trabajo; manipular las reglas de juego, entre tantas otras.

Hacer trampa de manera cotidiana se convierte en un hábito, con el agravante que la sociedad lo termina aceptando como una práctica común; es decir, si lo hace Juan y Marta, entonces está bien que yo lo haga.

Hay otros que hacen trampa como un “modus vivendi”, y se “ganan” la vida engañando a otros.

Nos volvimos un país permisible con los actos de hacer trampa, y premiamos al tramposo como un tipo listo, que se las sabe todas. Es una mala práctica que enseñamos a nuestros hijos, y que se ha ido trasladando de generación en generación, con ciertas prácticas agravantes, siendo una de estas, los actos de corrupción; estos se forman en el contexto de la aceptación social de hacer trampa para mejorar la situación económica de una persona, valiéndose del puesto de trabajo, por lo general en el sector público, que tenga.

¿Cuánto dinero se deja de invertir en El Salvador por la corrupción? Millones de dólares anuales, que no llegan a sus destinos para fortalecer nuestra educación, salud y seguridad social.

Nosotros mismos hemos aceptado que el hacer trampa es una de las características de ser salvadoreño, y con ello mismo, damos por sentado que dicha conducta escale hasta niveles que afectan el desarrollo económico, social y medio ambiental; burlando la justicia, el crecimiento de la economía, y la seguridad ambiental del país.

No cabe duda que si nosotros dedicamos, a partir de 2017, a erradicar al menos 10 conductas para hacer trampa, y las sustituimos por 10 buenas prácticas, logrando la aceptación social de estas, viviremos mejor. En 2018 erradicamos 20 más, y así cada año seremos mejores ciudadanos, y mejoraremos las condiciones de vida.

Comencemos por casa, y premiemos al hijo que se esfuerza estudiando y logra pasar el examen, sin copiar; dejemos de pagar porque nos haga el favor la vecina, que trabaja en tal autónoma; demos los “vueltos cabales”; cumplamos con nuestro horario de trabajo; hagamos fila en el tráfico con paciencia; demos mérito al que hace las cosas correctas de la manera correcta. Dejemos de premiar al tramposo y premiemos al buen ciudadano, al que no hace trampa. No se vale hacer trampa a El Salvador.

Tags:

  • trampa
  • corrupcion
  • paciencia
  • ciudadano

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