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No todo cambio es reforma (I)

La creación del Sistema Nacional de Salud mediante decreto legislativo en 2007 no trajo consigo ningún cambio estructural ni funcional en el sector salud.
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Este decreto estableció que el Sistema Nacional de Salud estaría constituido por el Ministerio de Salud, el ISSS, Sanidad Militar, Fosalud, ISRI y Bienestar Magisterial y que el ente rector sería el ministerio. Nada ha funcionado de esa forma y, por el contrario, cada una de las instituciones mencionadas trabaja de forma aislada e independiente para atender a su núcleo poblacional, sin relación ni coordinación entre ellas y a veces duplicando esfuerzos. Por tanto, no se les puede considerar como partes de un “sistema”, si entendemos como tal a un conjunto de elementos, personas, instituciones o procesos articulados entre sí para alcanzar un objetivo.

En 1998, una fuerte movilización del gremio médico obligó al Gobierno a hacer importantes ajustes salariales y a comprometerse con cambios estructurales que –por desgracia– nunca llegaron, en perjuicio de aquellos salvadoreños eternamente marginados. Algunos años después, de nuevo el gremio médico hizo que el Gobierno abortara un plan de privatización de los servicios de salud y presentó al presidente Flores un proyecto de reforma –una verdadera reforma– que debe de estar arrinconado en alguna de las gavetas de Casa Presidencial o descansando en un relleno sanitario.

Otros cuatro proyectos de reforma provenientes de otros sectores también fueron presentados en forma simultánea, pero seguramente han corrido igual suerte, sin mencionar documentos que otros expertos habían elaborado desde 1994.

Esa conjunción de esfuerzos de muchas personas e instituciones dio origen a varios documentos muy importantes, a partir de los cuales pudo construirse un sólido proyecto de reforma. Para desilusión de todos, esos trabajos fueron desestimados para dar lugar a un manojo de actividades desarticuladas a las que se ha denominado “ejes”, en los que descansa una supuesta reforma del “sistema” de salud.

A la población no informada se le puede convencer fácilmente de que se está haciendo una profunda reforma de salud, pero los que conocemos un poco sobre el tema no nos tragamos fácilmente ese cuento. Parecería que se menosprecia la inteligencia del pueblo y la formación académica de los profesionales de la salud. Llamar “reforma” a un conjunto de actividades aisladas y focalizadas exclusivamente en ciertos procesos operativos del Ministerio de Salud, ignorando al resto de subsectores, es como no tener muy claro el concepto de reforma, su esencia y su finalidad.

El acceso de toda la población a servicios de salud de calidad debe ser el principio fundamental para una reforma de salud, en la que la universalidad, la equidad y la eficiencia, entre otros elementos, constituyen los verdaderos ejes; y la transformación de los modelos de gestión, la descentralización y nuevas formas de financiamiento que le den sostenibilidad al proyecto de reforma son aspectos obligados, que no aparecen en los ejes de la “reforma” en curso. En cambio, prevalecen conceptos mediáticos como los ECOs, que hasta ahora no han satisfecho las expectativas; o la ley de medicamentos, que solamente ha favorecido a aquel minoritario sector de la población que tiene recursos para comprar sus medicinas. Finalmente, asumir que la participación social en materia de salud se limita a un centralizado Foro Nacional de Salud parece también una tergiversación de conceptos. Los otros cinco “ejes” ni siquiera merecen hasta ahora un comentario de mi parte.

Ciertamente urge una reforma (real) del sector salud, que impacte sensiblemente sus indicadores de resultados. La que está en proceso no parece cambiar muchas cosas, pero no cabe duda de que es electoralmente rentable.

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  • sistema
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