No todo cambio es reforma (II)

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Es un hecho, entonces, que no existe una verdadera reforma del mal llamado “sistema de salud”, y me siento obligado a explicar con mayor detalle mis argumentos para tal afirmación.

En 1994, expertos consultores nacionales e internacionales, con el auspicio de OPS, USAID, el BID y el Banco Mundial, sin duda con algunos ases bajo la manga, presentaron a la consideración de las autoridades sanitarias el documento “Análisis del Sector Salud en El Salvador; hacia su equidad y eficiencia”, que contenía los elementos necesarios para el diseño y la implementación de una reforma que, finalmente, quedó en el papel.

Este fue el primero de no menos de 8 documentos similares que corrieron la misma suerte y procedentes de prestigiosos y diversos sectores como el Colegio Médico, FUSADES, STISSS, Comisión Nacional de Desarrollo y la Comisión Nacional de Salud. La falta de financiamiento, pero sobre todo, la falta de voluntad política y de coordinación interinstitucional, debilitaron la posibilidad de estructurar una reforma.

Las buenas noticias llegaron en 2009 con la afirmación del presidente Funes: “Hemos puesto en marcha la más ambiciosa Reforma del Sistema de Salud de nuestra historia”. Seis años después nos damos cuenta de que las cosas quedaron en eso: en buenas noticias. La accesibilidad, la oportunidad y la calidad de la atención continúan a la baja, lo que se refleja en la falta un impacto apreciable en los indicadores de salud pública. En este punto es oportuno aclarar que los sistemas de salud experimentan frecuentes cambios, pero que no todo cambio es reforma.

Revisemos las razones de por qué la “reforma” en curso no es tal cosa.

1. Porque no es integral. No se puede hablar de reforma de salud que involucre solamente al Ministerio de Salud y deje de lado al ISSS y al resto de instituciones del sector salud, incluyendo al ejercicio privado y sus relaciones con el Estado.

2. Porque no garantiza equidad, puesto que tiende a mantener la misma segmentación en instituciones que tienen casi todo y otras que no tienen nada y por lo tanto, existirá marcada diferencia en la accesibilidad y en la calidad de la atención.

3. Porque excluye el tema de financiamiento, que es un eje fundamental –este sí es un verdadero eje– para una reforma, puesto que es la debilidad más importante que enfrenta el sector salud en nuestro país. Las cuotas “voluntarias” fueron eliminadas pero fueron sustituidas por las “cuotas obligatorias” a las que se somete a los pacientes y a sus familias, para proveerse de medicamentos, exámenes especiales y materiales médico-quirúrgicos necesarios pero que los centros de atención no están en posibilidad de facilitarles.

4. Porque no hay orientación hacia la universalización de los servicios de la seguridad social.

5. Porque los servicios de salud siguen siendo ineficientes e inoportunos y su calidad queda en entredicho, precisamente por las deficiencias antes mencionadas.

6. Porque no existe una verdadera política de medicamentos ni de formación de recursos humanos.

7. Porque se ha incorporado al “sistema” a personal profesional no calificado para las delicadas funciones que tiene que desempeñar.

8. Porque no hay mayor inversión en salud, sino todo lo contrario.

9. Porque los indicadores de salud no han mejorado.

10. Porque no hay transformación sustancial que produzca algún impacto real en la calidad, en la eficiencia, en la accesibilidad ni en los indicadores epidemiológicos.

Seguiremos a la espera de una verdadera reforma de salud que impacte favorablemente a nuestra población y que no obedezca a proyectos comerciales privatizadores ni a agendas mediáticas partidarias.

Tags:

  • reforma de salud
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