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No vivamos nuestro “brexit”

Muchos de los ingleses que votaron a favor de que el Reino Unido se saliera de la Unión Europea fueron entrevistados después de la caída de los mercados y la revuelta ocasionada mundialmente, a lo cual expresaron que se arrepentían y querrían rectificar (un poco tarde, creo yo).
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Ojalá no se hagan realidad las pesadillas que muchos jóvenes nativos de Inglaterra repitieron en la campaña electoral a sus compatriotas semanas antes: que la salida de Inglaterra de la gran comunidad europea golpearía sobre todo a la juventud, pues pondría en peligro las ventajas laborales para ellos y para los de la generación del milenio. Además, ¿qué va a pasar con todos los profesionales provenientes de todos los países del continente?

Me parece que El Salvador, al igual que los jóvenes del Reino Unido, están a la espera de que alguien les dé oportunidades para demostrar que pueden trabajar duro y bien por su patria. Que no necesitan que les regalen nada como si fueran “macetas de pasillo”, “pordioseros” que no tienen capacidad para crear valor a la economía aportando sus talentos. La juventud lo necesita para desplegar todo su potencial es amor de familia, educación integral y humana, oportunidades de empleo y mentoría generosa de la generación que le precede.

¿Cómo será el mundo el trabajo en el futuro? Se vaticina que se dará mayor importancia a los conocimientos y al trabajo bien hecho. La vertiginosa velocidad a la que está cambiando la forma de hacer negocios requerirá que las empresas busquen cambiar radicalmente el liderazgo, las políticas de RRHH y la cultura. Si no, morirán lentamente por la pérdida de talentos jóvenes y mujeres preparadas, quienes buscan flexibilidad en todas sus formas (horarios, tiempo, formas de trabajar, conformación de equipos, etcétera) y amplia oportunidad de desarrollarse integralmente en todos sus roles familiares y sociales.

¿Qué competencias, habilidades y conocimientos buscarán las empresas en los jóvenes que vayan a contratar? ¿Cómo vamos a crear capital humano? Ya que todavía tenemos que mejorar la calidad del sistema público educativo, podemos aportar efectivamente a la formación de las próximas generaciones poniendo al centro de la gestión de negocios a las familias de los colaboradores. Esto podría motivar el interés por facilitar el balance entre la familia y el trabajo, considerando que los mejores agentes educativos de valores éticos y de convivencia de los niños y las niñas son sus propias familias. Si los padres y las madres tienen tiempo y energía para sus hijos, las empresas estarían comprometiéndose más eficientemente con prevención de problemas de violencia juvenil.

El novedoso modelo hacia la Responsabilidad Familiar Corporativa que están implantando las empresas aquí y globalmente impactan en la responsabilidad social interna poniendo como eje primordial a la familia del colaborador, convirtiéndola en un nuevo “stakeholder”. Las empresas se están dando cuenta de que el empleado trabaja por su familia y eso le da la mayor motivación. El reto es cómo ayudarles a que lleguen a su hogar lo antes posible y en las mejores condiciones de salud. Su familia lo espera y allí construye con amor el capital humano de país. Por eso es un aspecto de la responsabilidad social, porque los futuros empleados o trabajadores de este país se están formando en el seno de las familias. Allí aprenderán a ser respetuosos, trabajadores y solidarios, para luego serlo en el mundo del trabajo.

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  • kalena de velado
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