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El próximo martes se conmemora el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Seno. Es un día importante, dedicado a crear conciencia sobre la urgente necesidad de mantenerse alerta, autoexaminarse y buscar atención adecuada ante la amenaza que todas vivimos de sufrir este o cualquier otro tipo de cáncer.
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Para mí, también es un momento oportuno para recordar la importante lucha que como sociedad seguimos teniendo pendiente, sobre cómo educamos y cómo les enseñamos –mujeres y hombres– a nuestros niños, pero en un caso muy particular, esta vez, a nuestras niñas.

Debemos ver la incidencia del cáncer de seno y su alta mortalidad desde las causas que propician que no existan suficientes diagnóstico tempranos. Claro, tener un diagnóstico “a tiempo” lamentablemente no hará que el cáncer no llegue a nuestro cuerpo, ni tampoco nos dará la certeza de que nos curaremos. Sin embargo, en muchísimos casos, la detección temprana de esa bolita en el seno sí puede ser la diferencia entre tratarlo a tiempo y vivir o no.

¿Por qué no siempre logramos detectar el cáncer de seno –o el de cérvix– con suficiente tiempo para un tratamiento efectivo? Hay situaciones desde la infancia que ya se convierten en un obstáculo para una detección temprana, y son la falta de educación y los muchos tabúes con los que aún criamos a los más pequeños. En muchos ámbitos de la sociedad aún les decimos que todo lo relacionado con el sexo –y por consiguiente sus órganos sexuales– hay que hablarlo en voz baja. Les decimos que tocarse es malo, que no deben hablar sobre esos temas. Eso, en la adultez, dificulta que una niña, ahora adolescente o mujer, esté lista para exponer sus dudas y miedos, para autoexaminarse y menos aún para ir a un médico ginecólogo a que la examine.

Muchas niñas crecen sintiendo que su cuerpo es malo. Y este es un gran muro para buscar asistencia médica o si quiera para reconocer su cuerpo y su naturaleza tan particular. Si las mujeres no conocemos nuestro cuerpo, poco podremos hacer a la hora de intentar determinar si todo marcha bien en él.

A las niñas se les debe ir brindando información acorde con su edad, para su autoconocimiento, para que aprendan a conocer y cuidar su cuerpo, no solo de un cáncer, sino también de abusos u otro tipo de amenazas que las acompañan a lo largo de su vida. Nunca como ahora la sociedad se enfrenta a tanta información y todos debemos estar conscientes de que el hecho que estos temas no se traten en la familia, en el ámbito de la confianza, no significa que no se tratarán. Si no se tratan en casa, seguro se tratarán en otro lugar y con mucha desinformación: con las amigas, con las vecinas, con quien le ayuda en casa, con los compañeros de colegio. Y se hará de mala manera. Hoy más que nunca no nos podemos tomar el riesgo de que alguien más hable sobre estos temas con nuestros hijos y sobrinos.

En este día es buena la reflexión sobre qué y cómo estamos informando a la familia, a la gente que ha tenido menos privilegios educativos. Informe a su compañera que le huye a la citología o a la mamografía, informe y aliente a quien le ayuda en casa y nunca recibió educación sexual, y creemos de esta manera una red de información confiable. Hagamos que en el futuro autoexaminarse, ir al ginecólogo, hablar de senos, de pelvis, de órganos sexuales sea normal y responsable, y contribuyamos así con otro empoderamiento para nosotras, que tanta falta nos hace.

Solidaridad con las que actualmente luchan contra esta agresiva enfermedad, que nos toca tan hondo en todos los aspectos de la vida. Y fuerza, mucha fuerza.

Tags:

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