Novena a la Inmaculada

Hemos recibido muchos favores de manos de la Virgen; seguramente recordamos ahora el cuidado maternal con que nos ha dispensado muchos servicios concretos.

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El 30 de noviembre comienza la Novena a la Inmaculada Concepción de la Virgen María, que fue concebida sin pecado original; solemnidad que celebra la Iglesia Universal el 8 de diciembre.

Esta devoción que cada cristiano debe vivir libremente, según sus circunstancias personales, pero siempre poniendo mayor diligencia en la oración, en el cumplimiento de los deberes profesionales y en las pequeñas mortificaciones voluntarias, haciendo todo con amor filial a la Santísima Virgen, Madre de Dios y de la Iglesia y Madre nuestra.

Además, cada persona puede proponerse demostrar su cariño a la Virgen con pequeños detalles que le ayuden a tratarla más y a difundir la devoción mariana entre sus amigos y parientes.

Los días de la Novena a la Inmaculada son días de particular intensidad apostólica que aprovecharemos para despertar en muchos corazones el amor filial a Santa María, quizá adormecido o entibiado durante años.

Se da en nuestra época, quizás de modo más llamativo que en otros momentos de la historia, una tendencia a exaltar y admirar la vida de personajes famosos que, por una u otra razón, se convierten en modelo para muchas personas, que sienten oscuramente la necesidad de un ideal y de alguien que encarne y plasme ese ideal en su propia vida.

Nos dice San Pablo VI: La gente va a la búsqueda del tipo, del modelo, del figurín: de aquel o de aquella que generalmente encarna una forma de vivir. Esto viene a confirmar que la pedagogía de la Iglesia, que propone a los hombres un ideal –¡y qué ideal!–, no es una pedagogía anacrónica e inadecuada, sino que responde plenamente a las aspiraciones escondidas y siempre agudas que existen en el corazón.

Si se preguntara a la juventud, a todos –continúa San Pablo VI–: ¿no sentís deseos de belleza, de grandeza, de dignidad moral, de heroísmo, de bondad, de una interpretación justa y exhaustiva de la definición del hombre? La Iglesia pone ante todos, la invitación a mirar a María, a Aquella que personifica verdaderamente la original y auténtica idea de lo que el hombre es: imagen de Dios.

Este es el fin que nos proponemos durante la Novena a la Inmaculada: hacer que el rostro siempre hermoso de la Virgen resplandezca ante los ojos de quienes nos rodean, que descubran su cariño de Madre y que, a su vez, la quieran con toda el alma.

Hemos recibido muchos favores de manos de la Virgen; seguramente recordamos ahora el cuidado maternal con que nos ha dispensado muchos servicios concretos. Por eso, es justo que le demos gracias, que elevemos nuestro corazón hasta Ella y le renovemos nuestro propósito de seguir de cerca y fielmente a su Hijo Jesucristo.

Eso es lo que queremos hacer nosotros durante estos días de la Novena a la Inmaculada: ofrecer a Nuestra Señora un regalo de obras hechas en su servicio. Y decirle cada noche: aquí tienes, Madre, este obsequio que he procurado ganar hoy para Ti. Y Ella, desde su trono del Cielo, sonreirá feliz, al ver en esos esfuerzos la realidad de nuestro amor a Dios.

Ella nos alcanzará del Señor las gracias necesarias para cumplir nuestros propósitos de fidelidad a Dios y ayuda a los demás.

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  • Novena a la Inmaculada
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