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Nuestra Dependencia

Estamos en el mes de la “independencia”, esa palabrita misteriosa que según el diccionario español: es aquello que no guarda relación de dependencia con otra cosa.
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Aquí en nuestro país (que describí como un hormiguero en el artículo anterior) dependemos no solo de otros países, sino de peculiaridades propias.

Es realmente triste ver que no tenemos una dignidad e independencia verdadera. Aquella que solo quedó plasmada en un papel en 1821, pero que no se vive ni se siente.

Y paralelo a ello tenemos la típica psicología del salvadoreño: criticar, ese estímulo que nace desde lo más profundo del corazón y que podría definirse como estar a favor de nada y en contra de todo.

No hay nada que le dé gusto al salvadoreño, todo es queja tras queja sin mayor propuesta, una confusión entre ser crítico y criticón.

La visceralidad con la que la psicología del salvadoreño se expresa es lo que, a la postre, podría ser la causa de los obstáculos para progresar como sociedad y nación. El mayor enemigo del salvadoreño está en el mismo salvadoreño (solo recordemos la metáfora de los cangrejos en la cubeta).

Que si arreglan los baches de las colonias, está mal porque obstruyen las calles; que si no las arreglan, muy mal que no se haga. Que si se quiere reordenar el centro histórico, está mal porque se gasta en publicidad; que si no se hace, muy mal que no se haga nada por el centro histórico.

El coraje y la envidia muchas veces son el catalizador para lanzar injurias y despotricar contra un hecho o una acción. Todo está mal, sea lo que sea siempre será motivo de crítica. No hay forma de dar gusto en nada a los salvadoreños, ni cuando las cosas parecer ser mejores, siempre está la respuesta de que podría ser aún mejor por lo cual no hay nada por qué alegrarse.

Fútbol, política, historia, tradiciones, todos los ámbitos no pueden escapar de este freno psicológico de menospreciar y desvalorar lo que se tenga enfrente.

Los salvadoreños luchan en batallas imaginarias, ponen sus pies en luchas sin sentido y por el puro gusto de hacerse notar.

Criticar por criticar, a diestra y siniestra, quejarse para victimizarse, es parte de nuestra psicología y nuestro modus operandi, es más fácil criticar que proponer, bajo el lema “a ver qué pasa”.

Ojalá un día, como lo pinta la película infantil “Hormigas”, aquí en El Salvador podamos llegar a ser al menos un hormiguero verdaderamente unido: sin diferencias ideológicas o sociales. Un hormiguero trabajador sin esperar siempre una regalía.

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