Nuestra “Sociedad Educadora...”

Francisco Cajiao publicó en la Revista Iberoamericana de Educación n.º 26 (mayo-agosto de 2001) la base teórica de la “Sociedad Educadora”, en donde plantea que “la responsabilidad sobre la educación básica de niños y jóvenes es una competencia colectiva que no corresponde solamente a la escuela”; en efecto, educan: la familia, los medios de comunicación, la publicidad, la clase política, los memes, las conductas de las empresas, las iglesias, y todos los actores que hacen realidad nacional día a día.
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Los niños (as) y jóvenes ahí están siendo testigos y consumidores silentes del acontecer, a través de lo que ven y oyen, de lo que se mueve en internet y las redes sociales; y es posible que esta pedagogía social tenga tanta incidencia y eficacia como los actos educativos que se desarrollan en el aula.

El currículum visible y oculto de nuestra cotidianidad es complejo y perverso; 20 homicidios diarios, escándalos de corrupción, las fiestas sexuales en centros penales, la cultura de nuestro tráfico, el lenguaje soez de la heroína anti-ANDA, control territorial de las pandillas, el fanatismo ideológico de los partidos políticos, entre otras cosas.

Y lo peor de todo, no sucede nada..., hay una impunidad terrible, nadie renuncia, a nadie lo despiden, nadie va a la cárcel. Esto es lo que aprenden nuestros niños (as) y esto replican posteriormente en sus vidas.

Por si fuera poco, la acelerada ruptura de los patrones de organización familiar por violencia y migración, y la influencia de las tecnologías de la información y las comunicaciones (redes sociales), complican el esfuerzo escolar; los mensajes que pueden enviar los maestros (as) no coinciden con la realidad familiar y comunitaria. Lamentablemente la solución propuesta de impartir una materia de “Moral y Cívica” poco y nada va a cambiar, por tres razones fundamentales: 1.- hay una contradicción de fondo de tipo cultural –que ya explicamos–; 2.- los maestros (as) no están preparados, no tienen tiempo curricular ni materiales didácticos; y 3.- no hay alineación axiológica, comunicación y relación entre la escuela y la familia.

Antes de impulsar una política para la educación en valores (y aprovechamos para recordarle a los diputados que la educación Moral compete a las iglesias y familia, mientras que la educación Ética podría corresponder a la escuela en un Estado Laico) el gobierno debe examinar su conducta y proponerse como el principal “ejemplo” o referente, no tolerando la corrupción, la impunidad, el robo, etcétera.

¿Cómo es posible que a estas alturas con la evidencia existente no haya renunciado o sido destituido un solo funcionario frente al escándalo de centros penales?, ¿creen que los niños y jóvenes no conocen en el caso?, ¿qué les podría decir a mis alumnos frente a este dilema en una clase de moral sobre la dignidad del ser humano?: Está muy mal esto de llevar prostitutas a centros penales, pero nadie sabe nada..., no hay consecuencias, ni culpables, ¿cuál es el mensaje?; y por último: ¿Este es el proyecto de reinserción y reeducación de Centros Penales...?

Nuestra actual sociedad educadora, producto de la posguerra, se construyó sobre la base de la impunidad y de la deshumanización; al menos la evidencia nos indica que mucha gente está dispuesta a matar ignorando el valor de la vida, y los criminales saben de la ineficacia de nuestras instituciones. La principal lección de moral y ética en la actualidad –si uno no está en una burbuja socio-económica– es migrar para sobrevivir...

Finalmente, debemos reconocer otra crisis de legitimidad y relativismo en los líderes religiosos de las principales iglesias; en los últimos dos años hemos tenido abundantes casos de malos ejemplos, y para variar sin ninguna consecuencia penal...

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