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Nuestra realidad nacional

Desde hace muchos años, hemos presenciado acontecimientos familiares, sociales, naturales, políticos y otros más, que nos han servido como ejemplo bueno o malo; como un termómetro para medir los grados de tolerancia e inteligencia para saber hasta qué grado podíamos resistir.
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Actualmente ese termómetro ha sido el instrumento que ha determinado el límite del calor que veníamos soportando: grados como el tiempo aparente de frío o calor. Nos referimos específicamente a las recientes elecciones, para elegir una nueva Asamblea Legislativa y alcaldías municipales. Queremos enviar, antes de continuar, un saludo respetuoso y de agradecimiento, lleno de unión, esperanzas, fraternidad y amor a todos aquellos conciudadanos que con su voto; libre, directo, igualitario y secreto. Ayudando en tal sentido a consolidar nuestra democracia, que costó sangre y dolor por cerca de 12 años.

En la historia han existido diversos sistemas políticos que han gobernado a distintas naciones: monarquía, anarquía, despotismo, tiranía, comunismo, socialismo, democracia y otros, que están fuera de nuestras creencias. Lo referente en la actualidad es que deseamos vivir en una esencial democracia la que como lo pregonaban los griegos: “la soberanía reside en el pueblo”, que lo mismo dice nuestra constitución; lo que ha sido demostrado en las recientes elecciones de nuestro querido El Salvador (del mundo); pero todavía existen ideas políticas muy absurdas que aparentemente ceden a una democracia confundida, realizando hechos que ya no son aceptados por el pueblo salvadoreño. Los pasados comicios han dado pasos muy firmes para formar las llamas que destruirán el engaño, la mentira, las falacias, la corrupción, la perversidad, el antagonismo y otros antivalores que enlodan a nuestra respetuosa sociedad, que se convierten en lacras sociales de poder.

Los tiempo han cambiado, somos como las olas del mar que van y vienen y nunca se detienen; pero en ese ir y venir dicen los pensadores “nadie se ahoga si sabe nadar“ en estos cruciales momentos, que las olas del mar político están agitadas, los ciudadanos salvadoreños con nuestro voto supimos nadar, para no ahogarnos en las aguas tempestuosas de la antidemocracia. Los golpes duelen, pero sirven para no volvernos a golpear; el sueño es bueno; para despertar a un nuevo día... congraciados con nuestro pueblo que no naufragó y que despertó el día siguiente a un mañana feliz lleno de comprensión, satisfacción, valor y lo más importante de amor; felicidades a todos y a todas que formamos el cuerpo electoral. Ahora que se ha dado la realidad democrática que tanto necesitábamos, le toca a cada uno de nosotros defenderla.

Esta es nuestra realidad nacional que nos permite decir “Saludemos la patria orgullosos, de hijos suyos podemos llamar... y juremos la vida animosa... sin descanso a su bien consagrar”. Hermanos: estamos en el mes de conmemorar la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. ¡Que Dios nos bendiga a todos!

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