Nuestra triste realidad

Me decía un estimado amigo que por qué escribir de lo que todo el mundo escribe: politiquería; escrutinio de largometraje; violencia y más violencia..., que debería ser original.
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En primera instancia me sentí triste. Pero luego pensé: lamentablemente, ese es nuestro pan de cada día. Esa es la herencia recibida de una guerra civil y la herencia que dejaremos a nuestros hijos y nietos, si no se logra poner fin a la ola de violencia actual, y a la cultura de violencia que se está estableciendo y viviendo como si fuera normal.

Día a día vemos en los noticieros cómo nuestros jóvenes son víctimas y victimarios, arrastrando con ellos a una familia al temor o a la venganza, un círculo de dolor que será difícil romper.

Es inevitable derramar una lágrima y sentir pesar al ver familias humildes –quienes son las que más sufren esta crisis– huyendo y buscando refugio para no morir en manos de los delincuentes.

La pregunta del millón es: ¿Qué hace el Gobierno aparte de tener un Plan y una Comisión para la Seguridad Ciudadana y la Convivencia Social? ¿Qué hacemos como ciudadanos y familias que tememos por el futuro de nuestros hijos?

Lo peor de todo es la impotencia de no poder hacer nada. Solo nos queda encomendar a Dios a nuestra familia y tener fe en que se hagan efectivas las medidas que frenen la violencia en este sufrido pueblo.

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  • violencia
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