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Nuestro crecimiento no es inclusivo, pero puede serlo

La economía y su crecimiento es un concepto útil para el bien común, pero conectarlo con la gente es difícil porque se refiere al todo, al país o al mundo.
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Las personas viven en su inmediato entorno individual, percibiendo constantemente diferente su contexto. Evidentemente, los pensamientos no están centrados, en sí el indicador de crecimiento se situará en X por ciento, o en Y por ciento en el año 2016, sino en que haya pan en la mesa; están más ocupados (no pre “ocupados”) por otras cosas, por ejemplo: si habrá clientes o empleo, si pagará el proveedor, en hacer la comida para los hijos, o cómo ir saliendo de las deudas.

Otro aspecto que hace difícil asimilar el crecimiento económico, es vislumbrarlo como “acumulación” de largo plazo. La gente podría decir que todo sigue igual, o es más malo, debido a que esa reacción o sentimiento no viene acompañado por un año mejor o uno peor, sino de muchos años consecutivos de poco o mucho crecimiento. Es decir, que si bien para corregir muchos de los problemas que nos acechan es condición necesaria conseguir mayor crecimiento económico, también es condición que sea alto durante muchos años consecutivos para que surta efecto. Sin embargo, lo anterior tampoco es suficiente para que la gente lo perciba, además es importante que goce de una característica fundamental, “que las personas perciban su inclusividad”. En la sociedad habrá individuos que les vaya mejor que a otros; sin embargo, es importante concretar un entorno de crecimiento con oportunidades plausibles.

La inclusividad se refiere a que la gente efectivamente contribuya y se beneficie del crecimiento, es decir, se trata de construir un crecimiento vigoroso con empleos (1). Percibo que el análisis mecánico del tipo, menos concentración menos pobreza, o más crecimiento más concentración, o más crecimiento menos pobreza, al menos no son suficientes para profundizar y explicar la interacción del individuo con la economía y su progreso. Para conseguirlo, justamente hay que profundizar en el análisis sobre la inclusividad y descifrar qué está detrás de los cambios de los diferentes tipos de ingresos que provienen de los diferentes tipos de empleos u ocupaciones, de manera ponderada con el ingreso inicial, para revelar las fuerzas primarias que han mejorado o empeorado el bienestar, pero de cada individuo.

Bajo esta perspectiva, los resultados no son alentadores, el bajo crecimiento de la economía tiene repercusiones en el bienestar de la población y tiene a su base factores subyacentes que se caracterizan por no ser inclusivos, para la persona. Como reflejó el dato más reciente sobre pobreza, para 2015 alcanzó el 40.6 % de la población, lo cual supera los dos años anteriores. Al cotejar la evolución de sus ingresos, se verifica que, si bien los ingresos de las personas aumentaron, lo hicieron en menor proporción, pero además los ingresos que aumentaron poco son de los que menos reciben, es decir, de aquellos que viven en pobreza, de tal manera que el rendimiento en reducción de la pobreza “o inclusividad” ha sido pequeño. En efecto, los ingresos por empleo formal reducen la pobreza, pero mostraron una menor influencia pasando de -2.2 % en 2013 a -1 % en 2015 en términos de puntos porcentuales de dicho 40.6 % de pobreza.

(1) Para el lector interesado puede descargar el estudio en http://fusades.org/sites/default/files/Analisis%20economico%2024_efecto%20del%20crecimiento%20inclusivo_junio2016.pdf.

Tags:

  • economia
  • crecimiento
  • pobreza
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