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Nuestro derecho a la verdad: ¡NO a las Fake News!*

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Patricia Lazo de Parras

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El Diccionario Collins en noviembre de 2017 eligió noticias falsas como la palabra del año. Se definen como "información falsa, frecuentemente sensacionalista, diseminada bajo el disfraz de reportaje de noticias". Las audiencias no solo la usan para referirse a reportajes falsos, sino en general para expresar una inconformidad con la desinformación, para no ir demasiado lejos, el presidente Donald Trump la usa para descalificar cualquier información con la que no está de acuerdo. Lo cierto es que, más allá del uso político del término, noticias falsas se relaciona también con opiniones extremistas, propaganda y manipulación. Una opinión desinformada y alarmista de un político a través de Twitter puede ser para muchos una noticia falsa, tanto como una noticia que, con deliberada mala fe, informe falsamente sobre un hecho. El propósito es engañar al usuario.

Una categoría más amplia de desinformación, que recoge distintas formas de noticias falsas, propaganda y teorías conspirativas, son los contenidos mezclados y difundidos a través de servicios de mensajería instantánea, principalmente WhatsApp e Instagram. En ese entorno la información se rota de mano en mano a manera de imagen, video o memes, sin autor identificado ni identificable. La legitimidad y autoridad del contenido la da aquel conocido o conocida que lo comparte.

Los estudios muestran que las noticias falsas tienen mayor interacción en las redes que las noticias verdaderas de los medios de comunicación más respetados, y peor aún, las personas prefieren mayoritariamente creer un rumor que aceptar una verdad. De aquí el concepto de Post-verdad, basado en ideas falsas, creencias y convicciones no respaldadas por fuentes confiables.

Sin embargo, las personas tenemos derecho a la verdad. Por tanto, las sociedades debemos tener mecanismos para discernir qué tan valedera y confiable es la información que recibimos. La buena noticia es que desde hace pocos años las principales plataformas digitales y la sociedad civil han empezado a brindar algunas soluciones:

Facebook. Aunque Mark Zuckerberg declaró ante el Senado norteamericano que Facebook no quiere ser árbitro de la verdad, sí anunció en diciembre de 2016 que estaba ensayando distintos mecanismos para facilitar el reporte de posibles noticias falsas por parte de sus usuarios. Si existe disputa por un contenido, luego del proceso de verificación, Facebook mostrará advertencias (flagging) señalando que el artículo ha sido cuestionado.

Google. En octubre de 2016, anunció que implementaría la etiqueta Verificación de hechos, con la cual pretende marcar artículos que hayan pasado por un proceso de fact-checking. Así, cuando un usuario realice una búsqueda en Google y los resultados arrojen contenidos que han sido verificados, Google mostrará esta información señalando qué se dijo, quién lo dijo, quién verificó la información.

Twitter. Ha reconocido que es imposible determinar la veracidad de los tuits publicados y, al igual que Facebook, también ha sostenido que no quiere ser árbitro de la verdad. Que Twitter entre a evaluar una información no solo sería indeseable, sino imposible de implementar en la práctica: por la plataforma pasan al menos mil millones de tuits al día. En esta medida, el foco de la respuesta de la empresa es detectar y remover las cuentas que de manera automatizada o manual difunden contenido malicioso, spam, falsedades o ataques, entre otros.

El rol de la sociedad civil y las personas. La mayoría de las estrategias para enfrentar la desinformación incluye la participación de la sociedad civil. En la medida en que estas iniciativas se localicen regionalmente deben abarcar organizaciones que tienen legitimidad y conocimiento para ponderar información sobre el debate público. Qué satisfactorio fue conocer que FUNDE está dando los primeros pasos para el desarrollo de la plataforma interactiva "Nada que esconder", diseñada para transparentar información básica que debe conocer el ciudadano sobre sus funcionarios**. La solución a las noticias falsas no se limita a los actores tradicionales de la gobernanza de internet y la sociedad civil, particularmente los usuarios debemos poseer las competencias para comprender, analizar, evaluar y distinguir entre noticias reales y falsas, o sea adquirir alfabetización mediática. Es responsabilidad de todos luchar contra la tolerancia al engaño y la mentira. Somos actores fundamentales en la defensa de la verdad, existen cosas muy sencillas y fáciles podemos realizar de manera individual: cuestionemos la información anónima, verifiquemos la reputación de quien publica, revisemos el equilibrio del contenido. Y finalmente, evitemos el morbo. ¡Enarbolemos nuestro derecho a la verdad!

* En diciembre de 2017 la Universidad de Palermo, a través de su Facultad de Derecho y el Centro de Estudios en Libertad de Expresión y Acceso a la Información, publicó la investigación relativa a las Noticias Falsas, estudio que constituye la base de este artículo.

**Tecnologías cívicas contra la corrupción. Roberto Rubio Fabián, LPG, 26 de agosto de 2019. https://www.laprensagrafica.com/opinion/Tecnologias-civicas-contra-la-corrupcion-20190825-0376.html

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