Nuestro ejercicio político se debe ir perfeccionando para que la democracia funcione como lo demanda el proceso nacional en marcha

Uno de los elementos que en este campo y en las circunstancias presentes va ganando creciente significación es la presencia proactiva de los jóvenes, que reclaman no sólo estar ahí sino tener peso tanto en la definición de liderazgos como en la toma de decisiones.
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Una de las más recientes resoluciones de la justicia constitucional le cierra el paso al transfuguismo partidario en los concejos locales, con lo cual se trata de evitar una de las más comunes distorsiones del sistema en los tiempos más recientes. En verdad, si se busca respetar la voluntad ciudadana en lo tocante a la configuración de los distintos entes institucionales cuya composición se decide por medio del voto popular, hay que garantizar en la medida de lo posible que la decisión electoral se cumpla, y no sólo en el sentido de que lleguen a los cargos los que cuentan con las mayorías establecidas de votos populares sino de que se mantenga la identidad partidaria con la que se presentaron a solicitar el apoyo ciudadano en las urnas.

Este es sólo un punto muy específico dentro de un trabajo de mucho más amplio alcance, que va dirigido a asegurar que el ejercicio democrático en el terreno vaya siendo cada vez más acorde con la lógica del régimen de libertades que está en la base de todo el esquema. Durante bastante tiempo, el accionar democratizador fue sumamente limitado, y prácticamente se reducía a tratar de garantizar la limpieza de los comicios, que durante en el curso de los años constituyó un cuestionamiento que parecía fuera de control; pero a medida que las experiencias se han venido acumulando y que la conciencia ciudadana se vuelve participación independiente, las necesidades de hacer ajustes en el modelo político se incrementan y ganan fuerza de presión.

Para el caso, ya está sobre el tapete la discusión sobre el tránsito de la jurisdicción departamental a la jurisdicción distrital, para que la elección de diputados no sea una decisión difusa sino una escogencia realmente personalizada. Y, en lo referente a la selección de candidatos dentro de las respectivas organizaciones partidarias, la exigencia de hacerlo en consulta directa con las bases constituye una pieza más en el complejo rompecabezas de la modernización institucional generalizada, específicamente en el campo político, donde las dinámicas de cambio son siempre más dificultosas porque lo que en todo caso está en juego es el manejo del poder tanto dentro como fuera de las entidades partidarias.

Uno de los elementos que en este campo y en las circunstancias presentes va ganando creciente significación es la presencia proactiva de los jóvenes, que reclaman no sólo estar ahí sino tener peso tanto en la definición de liderazgos como en la toma de decisiones. Esto no es casual ni depende de algún movimiento con nombre y apellido: es una inyección energética que se identifica como uno de los más relevantes signos de los tiempos. Antes se decía que los jóvenes son el futuro de su respectiva sociedad; hoy se va reconociendo en forma cada vez más inequívoca que son el presente de cara al futuro, y esto sin desconocer que el auténtico virtuosismo histórico está en la sabia interacción generacional.

Estamos ahora mismo en fase de definición de candidaturas para los comicios legislativos y municipales de 2018, y la atmósfera que eso trae consigo debería ser aprovechada por los diversos partidos para dar muestras claras de que están dispuestos a evolucionar en serio conforme a las pautas de la democracia y en función efectiva del bien común.

Hay que seguir con la debida atención y valoración todo lo que vaya ocurriendo en este campo, para que haya seguridad verificable de que se despeja la buena ruta.
 

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