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Nuestro país necesita estar preparado en todo momento para enfrentar los desafíos de una realidad nacional e internacional cada vez más compleja

El importante acuerdo político logrado ayer, después de muchos forcejeos, entre el Gobierno, ARENA y el FMLN sobre el financiamiento inicial para enfrentar la crisis y sobre la Ley de Responsabilidad Fiscal indispensable es una significativa señal en la buena ruta.
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Los salvadoreños vivimos una época en que los problemas se acumulan y las soluciones se vuelven cada vez más apremiantes. Esto es producto, por una parte, de que muchas cuestiones fundamentales para la vida nacional se han venido dejando pendientes en el curso del tiempo; y, por otra, de que hay cada día nuevos retos por enfrentar y nuevas oportunidades por asumir con todo lo que eso significa para una sociedad como la nuestra, que no ha sabido desarrollar una dinámica de progreso puesto al día prácticamente en ninguna de las áreas que hoy son más decisivas para consolidar el presente y asegurar el futuro. El Salvador, pues, está a prueba de muy variadas formas, lo cual pone al país ante el imperativo insoslayable de encarar todas sus realidades de manera inmediata y eficaz.

Como se ha dicho con insistencia, se requiere generar cuanto antes mecanismos de entendimiento político que permitan resolver situaciones de manera normal y previsible, para evitar el desgaste de enfrentar cada coyuntura prácticamente desde cero en lo que se refiere a los tratamientos pertinentes. Eso lo hemos visto en estos días en el caso del financiamiento público, y hay que superar un esquema de acción que se traumatiza a cada paso para entrar en otro esquema que habilite avances en forma sistemática. Hay que avanzar hacia el equilibrio, como parece que la misma necesidad va promoviendo en los hechos, y ojalá que así sea de manera sostenida. El importante acuerdo político logrado ayer, después de muchos forcejeos, entre el Gobierno, ARENA y el FMLN sobre el financiamiento inicial para enfrentar la crisis y sobre la Ley de Responsabilidad Fiscal indispensable es una significativa señal en la buena ruta.

Pero, como decíamos, no sólo en el plano nacional hay que prepararse adecuadamente para enfrentar amenazas y activar aciertos, sino también en lo que se refiere a las situaciones internacionales que pueden afectarnos debemos tener respuestas oportunas. Ahora mismo, por ejemplo, el desenlace de la elección presidencial en Estados Unidos pone a nuestro país ante una expectativa que puede ser muy complicada. El Presidente electo esgrimió durante su campaña un agresivo discurso antiinmigrante, y eso nos toca en forma directa, porque una enorme cantidad de salvadoreños residen y trabajan en Estados Unidos y su aporte es vital para nuestro sostenimiento económico. Si lo que se dijo en la campaña se pusiera en práctica en la gestión gubernamental entraríamos de seguro en una crisis sin precedentes; pero también hay que tener en cuenta que al final es la realidad la que manda, no los fanatismos ni las obsesiones. En todo caso, hay que estar en guardia y buscar, como se ha recomendado, entrar en contacto positivo con la nueva Administración estadounidense para que la excelente relación entre nuestros países se mantenga.

Los desafíos de toda índole y de toda magnitud nunca dejarán de existir, y la clave de un buen desempeño tanto en lo público como en lo privado está en tener preparados siempre y a mano los instrumentos idóneos para responder a cada coyuntura y a cada punto específico en función del interés general. Los tropiezos y los atascamientos que venimos padeciendo a cada paso y de manera continua tendrían que servir de estímulo verdaderamente efectivo para ya no persistir en las viejas prácticas del obstruccionismo y de la inoperancia. Estamos en un punto crucial de nuestro proceso, y todo lo que se haga con visión y con responsabilidad será aporte vital.

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